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EL ABOGADO DE LOS MUERTOS ( cap 13 ) por Nochi

(COMENTARIOS PARA LA ESCRITORA, GRAX)

Había amanecido con tonos grises el cielo, las nubes que lo enarbolaban suplicaban poder llorar ante la amarga soledad de las alturas.
Y aquí abajo, desde el balcón, parecía ser un festín, Tom y yo, esperando a que la angustia celestial se derrame en forma de gota y empape todo lo inferior a ella.
Habíamos decidido ir a dormir fuera, en el balcón para contemplar el cielo cerrado y los refucilos consolándolo de cerca.
Aun tomados de la mano y cubiertos de una fina sabana nos dejábamos envolver por ese mágico amanecer nublado.

Quizás para otras personas era un simple y tedioso día, grisáceo, feo, indicando la lluvia próxima. Un día como cualquier otro; rutinario, cíclico.
Pero para mí, era algo más que simplicidad: un día único, como todos. No se repiten, ya que cada uno tiene un detalle, un minúsculo detalle, pero que lo cambia íntegramente. El hecho de no seguir una vida rutinaria me daba más motivos para no aburrirme y decaer en ella.
La Vida es mala, toma de la mano al Tiempo y vuelan lejos y rápido; y si no aprovechas esa aventura junto a ellos, en un pestañeo te das cuenta que la Vida se te pasó, y que estas a punto de besar a la Muerte, que de su mano cuelgan la Ausencia y la Sensibilidad. Inmortales las dos.
¿Debería disfrutar de cada día?

–Eso no se pregunta, se practica- contestó la voz de Tom en un tono meloso.
Tenía sus ojos cerrados y su mano derecha posada en mi vientre acercando su frío contacto a mí.
Acercó su nariz a mi cuello, donde no dudó en sentirlo mediante besos.
Me di vuelta de costado, quedándonos frente a frente. Crucé una somnolienta mirada con el.
Luego de cerrar mis ojos por enésima vez, sentí húmedos mis labios, a causa del beso de su boca. Me acarició levemente.
– ¿Qué quieres hacer hoy?

Su pregunta dio paso a mi reflexión: ¿Qué quería hacer el día de hoy? ¿Quería vivir? ¿Quería morir? ¿Quería salir, quedarme todo el día acostado, ir a mis padres? ¿Qué haría?

Me acercó a el mientras daba pequeños masajes en mi espalda.

–Iremos a buscarme un trabajo –propuse animado.


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8.10 am.
El cielo seguía lamentándose en penoso silencio, con lágrimas aun no caídas.
Paseábamos por Berlín, en dirección al estudio de tatuajes al que por un tiempo provisorio de 6 días ayudé.

Me puse un pantalón negro, desteñido en algunas partes, y una camiseta roja, junto con unas botas negras. Mi cabello, lacio. Aunque Tom quería verme con una cola de caballo alta.
Él se vistió completamente de azul, solo sus zapatillas y gorra eran blancas.

– ¿Cómo se llamaba el lugar?- habló Tom. Se encontraba a mi lado, y parecía algo aburrido o cansado.
¬– Hauptstadt tatoo– seguí contestando animado llevando en mis manos mi maletin especial para hacer tatuajes.
–¿Y por que no intentas ir a otro?
– Por que me he llevado bien con esa gente, mi querido hermano. Solo faltan unas calles.– susurré.
Estaba algo molesto, pero no se quejó. Tom era de lo que ya no existía, era único, y era para mí.
Agarró mi mano entre la gente que pasaba y seguimos caminando.
El estudio se veía mas oscuro con el clima así, pero a mí me encantaba.
En el medio de la puerta de vidrio, estaba un cartel pegado por dentro: “abierto” decía. Di un paso al frente y las personas (en la mayoría hombres) voltearon a mirarme. Su expresión era de asombro y de interrogación. Claro, mi look. Ellos me habían visto aun cuando tenia el cabello mas cortito.
– Quiero hablar con los aquí presentes. Necesito trabajo.- armé rápidamente una broma para ellos, ya que no me habían reconocido.

Sin levantarse del sofá donde todos se encontraban charlando, el dueño del lugar, Amilkar, hizo un ademán, invitándome a que me acerque.
–Pues, ¿Sabes hacer tatuajes?- me preguntó con tono de superioridad.
– Más vale, sino, no estaría aquí. Reconozco a cada uno de ustedes y sus formas de tatuar. Son mis ídolos- cerré mis ojos y al abrirlos los mire con emoción, aun no caían. Tom reía a carcajada limpia, pero solo lo escuchaba yo.
–A ver, entonces dime, quien es quien aquí. Empieza por ella.- señaló a una chica enfrente de él que reconocí como su hermana.
-Ella es Roseanne, el Vampiro, Mich, Bret, Luchy, Kat y tú, Amilkar.

Quedó sorprendido por mi saber. Sin embargo, seguí con mi actuación.
-Roseanne trabaja los tatuajes góticos, el Vampiro casi siempre hace colmillos, Mich hace zodiacales, Bret hace dioses mitológicos, Luchy hace tatuajes celtas excelentes Kat hace licántropos y tú, haces tatuajes chinos. Y este estudio es uno de los mejores de Alemania y gracias a ustedes, aprendí mucho.

No, no caían.

–¿Tan malo soy para que no me recuerden? Bill Kaulitz.
–Aaaaah Bill!!!!!!– sonó en el salón al unísono.
El primero en saludarme fue Amilkar con un calido abrazo.
–Tanto tiempo sin verte! ¿Cómo estas?
–Muy bien, y ustedes?
–También, con bastante trabajo. No sabes, el dragón putrefacto que hiciste aquella vez lo enmarcamos en un cuadro, y siempre elogian ese tatuaje. Hombre, Bill, te salió espectacular.
–No me lo creo.
–Claro que si, mira– dijo su esposa Kat, señalando un cuadro al lado izquierdo del local. Y allí lo vi, mi dragón putrefacto, con tonos grisáceos, azules, verdes y morados. Era mi primer dragón; aquella vez me pidieron un tatuaje sencillo, sin nada, pero le había dicho que no hacía tatuajes comunes, y entonces, dejo en mis manos un dragón chino. Lo adapté y a todos les gustó.
–Oh…míralo- exclamé dulce, pensando en Tom, indicándole a él que mire mi obra.

–Esta preciosa-escuché en mi mente– pero no tanto como el que la hizo.
Me sonrojé, ese piropo me tomó por sorpresa.

El Hauptstadt era un estudio diferente a los demás, era de mi calaña, y uno muy respetado en Alemania. En ellos se habían tatuado los parapsicólogos más famosos, adivinas, emos, góticos, dark, y personas comunes, que no eran indiferentes a este tipo de tatuajes.

Me acerqué a ellos, para saludarle a cada uno, me sonrieron contentos, hasta El Vampiro, que inusualmente se lo veia sonriente.

–A que no saben? Vine a darles una mano.
–Que buena sorpresa!-exclamó Bret
–Pues me ha tocado Alemania esta vez y me quedo hasta diciembre. Pero…necesito trabajar aquí. Saben que el dinero no es lo mío y ya se me está acabando.- contesté apenado.
–Sabes que no es un problema, Bill. Ya eres uno de nosotros así que, siéntete cómodo. ¿Quieres deleitarnos trabajando hoy?
–Tenlo por seguro, Amilkar. ¿Cómo comienzo?
–Que te parece…- exclamó Roseanne- … con el siguiente cliente que abra la puerta. Mientras tanto, quédate conversando con nosotros.

Me hicieron un lugar en el sofá y nos sentamos conversando de todo un poco, poniéndonos al día ellos conmigo y viceversa.

Thomas miraba todo, desde cada persona hasta el más recóndito rincón. Miraba las planchas de tatuajes, las agujas, los tubitos de las tintas, el alcohol, los copitos de algodón.
Se lo notaba totalmente incomodo, con un semblante intranquilo.
Cruzamos miradas en un momento y me sonrió negando con la cabeza.
–Me voy afuera. Luego vuelvo a ti.- me susurro.
Asentí levemente para que no se dieran cuenta y lo vi salir de la puerta. Luchy y El Vampiro me observaron detenidamente, mi comportamiento, mirando hacia la puerta, sonriendo y asintiendo no les inquietó, ya que sabían sobre mi ‘conexión’ con lo sobrenatural.
Pasaron 15 minutos y se escuchó el sonido del llamador de ángeles detrás de la puerta al ser abierta.
Por ella entró un hombre robusto y grande, llevaba gafas de sol aun cuando el clima era nublado. Apoyó un codo en el recibidor, mirando a alguno de nosotros para poderlo atender. Kat me hizo una seña para que vaya a atenderlo.
Trague saliva y con una naturalidad mía, caminé haciendo ruido con mis botas hacia el.
Me paré enfrente de él, al otro lado del recibidor, donde estaban los papeles para dibujar, calcar, lápices, fribrones, y varios libros de modelos para tatuar.

¬–Buen día señor– saludé cordialmente– ¿Qué necesita?

El hombre levantó la vista, observando mi cabello y mi rostro. Se quitó los lentes y volvió a mirarme. Era frío y solitario su mirar. Tenia ojos grises…ah no. Uno gris y otro verde.

¬–Buen día; joven? Quisiera hacerme un tatuaje con esta imagen en mi hombro derecho.

Me tendió una foto de una estatua con forma de gárgola, idéntica a las de Notre Dame, negra con las alas hacia atrás, mirando altiva hacia el suelo.
El serio hombre se colocó los anteojos de nuevo e intercaló su mirada hacia la foto y hacia mi.
–Esta bien- exclamé saliendo de mis cavilaciones- ¿Quiere que le agregue algo mas o le retoque algo o escriba?
–No tengo ninguna preferencia –encogió los hombros – quizás la frase ‘Para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos’ rodeando al dibujo; y…lo demás lo dejo todo a tu criterio.

Quedé de nuevo ensimismado mirando la foto, viendo la forma en que la dibujaría.
–Esta bien.- dije con una mano en mi mentón y los ojos fijos en la foto.- Déme una media hora para hacer la plantilla.
–No tengo problemas, vuelvo en 30 minutos.
–Lo espero- sonreí convencido y emocionado por el tatuaje próximo a trabajar.

Gárgolas: negras, marrones, rojas, grises, putrefactas, orejudas, peladas, Para mi, simbolizaban la parte mas oscura, la parte mas pútrida de cada ser, más así de los muertos. Seres que fueron formándose en el espectro por que por un juicio tuvieron que mutar como delito, o solo mutaron por que su alma estaba llena de veneno, no tenia ni una pizca de bondad. Que yo sepa, las únicas gárgolas que no hacían daño eran las de las estatuas, ninguna otra era amable con nadie, ni con su muerto.

Me di media vuelta y observé a mis compañeros, levanté la imagen y quedaron asombrados.
–Vamos cariño, te saldrá bien– me habló Tom detrás mío sonriente.

Fui hacia el panel para dibujar, encendí la luz cercana y calqué los principales rasgos de la imagen. Las líneas contorneadas eran fáciles, pero agregarle detalles y sombras o luminosidad me costaría.
La parte preferida de dibujar una gárgola es su cara y sus alas, le puedes llenar de expresiones en su perfil, mientras que en las alas se intenta coincidir con el cuero que las recubre. Se le puede agregar pequeñas y minuciosas particularidades que a simple vista no se ven, pero que sin ellas, el tatuaje no luciría igual.

Solo me faltaba acomodarle las letras. ¿Alrededor, abajo, arriba, entrelazadas?
–Abajo y arriba- dijo Tom, apareciendo al frente, recostado en la pared– Arriba escribe “Para recalcar que estoy vivo” y abajo “en medio de tantos muertos”, la remarcas en la izquierda con rojo y ya está… Te amo Bill!!- dijo volviendo a irse. Tiene buen sentido para combinar.

Sonó la puerta al abrirse y entró el hombre repitiendo la acción de la primera vez que vino.
–Ya está hecho– pasé la muestra por el recibidor, mostrándole.
Tenia una mirada ida, como viendo mas allá del dibujo.
Finalmente, alzó la cabeza y me observó serio.

–Si quiere, le cambio algo o…
–Me gusta– interrumpió.

–¿Comenzamos entonces?–
–Cuando quiera, Joven
–Claro, siéntese allí, mientras yo alisto las cosas- le señalé una silla cerca y me dispuse a hacer la plantilla y a colocar las pinturas en los botecitos, usaría negro, gris, blanco y rojo.
Pegué un vistazo a los demás, algunos habían empezado a atender otros clientes y los demás, esperaban su turno. Sonreí a Bret, que me miraba desde el sofá, en el fondo.
Terminé la plantilla, me puse los guantes de látex negros, arreglé mi máquina tatuadora y me acerqué al hombre sentándome a su lado.
Rasuré un poco la parte de su hombro anteriormente desinfectada- Pose sobre su piel la parte dibujada de la plantilla y pasé fuertemente mis manos para que se notase mas la tinta. Tome la punta del papel y fui despegándolo con cautela.

–A ti te salen bien esta clase de tatuajes.
–Si– conteste con una sonrisa, fijándome si no se había corrido alguna línea.– ¿Es su primer tatuaje?
–Exacto.
–Está nervioso, ¿cierto? No se preocupe, esa zona no suele doler ni molestar mucho– intenté pacificar esa incomodidad latente entre el hombre y yo.-

Viendo que todo estaba listo, tome en mi mano izquierda un pedazo de algodón embebido en alcohol y en la derecha la maquina.

Aparté mi cabello de mis hombros y lo miré a los ojos.
–Está todo listo, comenzaré con lo básico, que son los contornos del dibujo y de las letras, lo haré despacio para que no duela tanto, ¿si?–
El hombre asintió.

La maquina hizo su típico sonido y pasé la aguja de ésta en el tubo de color negro y comencé a tatuar la espalda de la gárgola.
Al primer contacto con la aguja, el señor se tensó pero no dijo nada. La aguja siguió el camino trazado por la tinta azul, mientras que el alcohol mitigaba el dolor y dejaba ver las primeras formas del dibujo elegido.



Pasó cerca de una hora o dos, ya solo faltaban los detalles del dibujo y de las letras, la zona se enrojeció rápido, haciendo que las defensas de su piel se activaran dejando ver una pequeña hinchazón en los trazos hechos.
Estaba haciendo los detalles faciales, acabando así, otro tatuaje hecho por mí.

–He acabado– dije tranquilo, pasando por ultima vez el algodón.– Fíjese en el espejo si le agrada.

Se levantó caminando hasta el espejo de cuerpo completo. Se observó desde varios ángulos y volvió.
–Me encanta
–Me alegro, señor. Estos primeros días notará muy sensible la zona debido a los roces y demás. Si tiene alguna duda o reacción alérgica, vuelva aquí y lo arreglaremos, ¿sabe?
–Muchas gracias joven, Hace muy buen trabajo. ¿Cuánto le debo?
–Oh! Espere, vayamos al mostrador y hablamos con aquella chica.

Nos dirigimos a Kat, que se encontraba arreglando los dibujos. Me puse al lado de ella y la miré.
–Kat, cóbrale al señor el tatuaje de una gárgola, con letras alrededor, color rojo, blanco, negro y gris.
–¿Cuánto mide y donde?- habló mientras observaba los álbumes.
– 12 cm de alto y en el hombro.-dije con exactitud.
–350 euros.

Sacó de su billetera los 350 justos y los puso en el recibidor. Saludó con una sonrisa y salio del local.

Kat me tendió 250 para mí. Con la mirada le dije que era mucho, pero ella no hizo caso, poniendo en mi bolsillo el dinero.
Sonreí y la codeé mientras iba a arreglar los restos del tatuado.
Deseché el aguja y los guantes, llevándolas al basurero del baño.
De paso, me lavé las manos esperando que Tom volviese.
Lo llamé varias veces pero no volvía. ¿Dónde estaba?
–Thom!- dije exasperado por sexta vez.
Escuché una risa detrás de mí. Me di la vuelta y lo encontré sentado en el inodoro, riéndose a carcajada suelta.

–¿Dónde estabas? Me asustaste así!- le reproché.
–Calma Bill, solo fui a ver a mamá–
–No me digas que la has estado asustando- abrí grande los ojos, mientras que el solo bajaba la cabeza mientras reía.
–No…solo la observé trabajar en la empresa.

Noté algo en nuestro alrededor, algo raro, indescifrable, mi gemelo se levantó de allí y vino rápido hacia mi, serio, como nunca lo vi. Tomó mi rostro entre sus grandes manos, sus labios rozaban los míos entreabiertos, dejando escapar un suspiro escandaloso.
–Bill… tengo que…

Dos golpes secos en la puerta cortaron lo que me iría a decir.
–Bill?- exclamo la voz de Luchy,
Tom se alejo un poco, dejándome atontado sin ese casi beso.

–S..Si?
–Cerraremos el local, comienza una tormenta eléctrica y dentro de poco se viene una tormenta. ¿Te llevamos a tu hotel?
–En realidad iba a ir a ver a mis padres.
–Y entonces te llevamos allí, ya salimos con la camioneta.

–Vámonos- susurró un inquieto Tom saliendo fuera.– Te espero en el portón de la casa.
–De acuerdo- dije a los dos abriendo la puerta– Mis cosas las dejo aquí.
–Claro.

Salimos afuera, cerrando el local y subimos a la camioneta.
El cielo oscureció más aun y dejó a la vista sus hermosas e indomables demostraciones eléctricas.
Decidieron llevarme a mí primero, indiqué el camino mientras seguía ensimismado en lo que Tom estuvo a punto de decirme.

Pararon cerca del barrio. Me bajé y les agradecí, saludándolos con la mano.

Caminé hacia la casa, donde en la reja del portón, estaba mi hermano. Intranquilo y ansioso.
–Tom- susurré mirándolo así de intranquilo.
El me miró y me abrazó suave por la cintura. Acercó sus labios a mi oído, rozando apenas mi piel.
–Hoy.-dijo y se separó tocando el timbre.


Alguien me observó por la ventana, accionando que el portón se abriese.

Pase dentro del lugar y cerré el portoncito.
Caminé rápido hacia la puerta, que ya estaba abierta.

–Hola- dijo la enfermera de mi padre.
–Hola- saludé–¿Y mi padre?

–Aquí estoy Willy– habló su voz tras la mujer, sentado en su silla, cerca del televisor, mirándolo.
–Papá.

Me acerque a el, sentándome en el sofá que estaba a su lado.
–Tu madre esta en la empresa, creo que hoy viaja, así que por esta semana estaremos solos.
–Oh.
–Si, Willy. Te iba a …ofrecer que estos pocos días que me quedan te quedaras a vivir con nosotros… se que es tarde para recuperar el tiempo que desechamos, pero de verdad necesito la compañía de mis hijos.
Hijos… claramente había dicho eso.

–Nos quedaremos. Lo sé…se de mi otro hermano- exclame suave sorprendiéndome.
–Ah… Willy…, Willy, ni siquiera se su nombre, ni se si no tuvo necesidades, si fue un buen chico- dijo con una angustia palpitante mientras resbalaba una lagrima por su mejilla. – El poder y el dinero me cegaron, no pude ver el sufrimiento de ustedes.
–Tranquilo, papá, no estés así, dije acariciando su mano.

Tom al otro lado de él, lo miraba con ojos aguados, con lágrimas aun no desparramadas. Como el cielo.
–Yo lo puedo ver, papá. Yo veo a mi hermano.
–Y….y como es el?- dijo algo ansioso.
–El es hermoso. – Dije llorando.
–Y…como…como es su nombre, Willy?
–Thomas…el se llama Thomas.

En ese preciso instante, un rayo cayó, dando comienzo a la gruesa lluvia, acompañada de todo tipo de lágrimas.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bueno que Bill ya tiene trabajo de tatuador *u* ojala se reconcilie con su papa u.u

 
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