IMPORTANTE, LEE ANTES DE VER!

No pretendemos ofender a nadie con el contenido publicado en este blog, si eres homofóbico o si no te gusta el twincest abandona el sitio. Ninguno de los comentarios, fotos o historias que se encuentran en el blog son reales. Si estabas buscando información de Tokio Hotel y entraste aquí por error dirígete a este enlace.

Si quieres contactar con nosotros para enviarnos fotos, dibujos, fan fics o lo que sea, puedes hacerlo a través de este correo: twckaulitz21@hotmail.es
Mostrando entradas con la etiqueta fan fic te quiero de vuelta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fan fic te quiero de vuelta. Mostrar todas las entradas

TE QUIERO DE VUELTA by Mila Near cap 14


- Bill, tengo tantas cosas que preguntarte, que no sé por dónde empezar. - dijo Leah caminando por la habitación y mirando a su amigo que seguía acostado en su cama.

- Puedes empezar por donde te plasca, te responderé. - se acomodó en la cama para poder mirar a su amiga.

- Bien... primero: ¿qué te crees dándole besos a la gente que recién conoces? - se acercó a la cama y susurró. El pelinegro arrugó la nariz.

- Eso fue un "deslice", estaba triste y enojado y doblemente enojado porque Tom no me llamaba y me había abandonado. -

- ¿Abandonado? -

- La vez que fuimos a la casa de Geo, después de que tomamos desayuno nos fuimos a mi casa y lo hicimos y... se fue sin despedirse de mi. -

- Eso apesta... pero en fin. No quiero decir te lo dije con respecto a la pelirroja esa, pero tú me obligas. -

- No, no te obligo. Es más, si tan sólo haces lo que quieres hacerle sin tanto rodeo,estará bien, si es que lo haces. -

- Lo haré, de verdad, lo haré. ¿Cómo empezaste a sospechar de esos dos? -

- Es que... empezaron a ser muy obvios, creo. Me ignoraban y la actitud de Tara empezó a cambiar. - Leah alcanzó a aclarar todas las dudas que tenía para con su amigo, cuando golpearon la puerta de su pieza, se sobresaltaron un poco pues los tomó por sorpresa. El pelinegro se puso de pie y abrió la puerta ya que su amiga se cambiaba las zapatillas. La persona que tocaba la puerta era de su total agrado por lo que se lanzó a sus brazos y empezó a besarla, era Tom.

- ¿Qué tanto hablan aquí encerrados? - preguntó el de trenza caminando adentro de la habitación con el otro abrazado a su cuello. - ¡Leah, vistete! - dijo riendose y entrando más en el cuarto. Bill se giró para mirarla y ella se estaba cambiando de nuevo la polera, esta vez por una negra de mangas largas, las zapatillas que se puso también eran negras y le llegaban un poco más arriba del tobillo, todo eso combinaba con sus pantalones negros.

- Estoy lista, pero mi pelo es muy fosforecente, necesito una peluca. - el menor de los pelinegros sabía qué tramaba, o al menos lo que podría hacer estando vestida así, pero en cambio el mayor estaba más perdido, no entendía nada. - Billy, sólo necesito la dirección y estaría lista, lista. - el de rastas se soltó de Tom y se acercó a ella, le susurró la dirección y ella la memorizó.

- Sin estúpideces. - dijo el de rastas con una mirada seria, la chica bufó y asintió. Bajaron al primer piso y Gustav estaba ahí, sentado mirando la tele.

- Gustav, yo voy a salir. Te quedas aquí para abrirme la puerta, no llevo nada de nada de nada. - Bill y Tom se sentaron junto al rubio y se despidieron de la chica.

- Seguramente irá a encontrarse con "alguien", jajaja. - se rio el rubio cambiando el canal. Los pelinegros se rieron, pero el de rastas sabía que no iba a encontrarse con "alguien" sino que iba a aclarar las cosas que él no quería aclarar, con cierta persona que no quería volver a ver. Lo pensó bien y eso lo dejaba como un cobarde, además se quería ir... "oh, no. Soy un cobarde" pensó removiendose en el sofá un tanto incomodo.

Estuvieron los 3 solos hablando durante mucho rato, hasta que los pelinegros decidieron irse. Cuando lo hicieron la chica aún no llegaba. Se despidieron del rubio y salieron de la casa, se dirigieron al auto de Tom y se apoyaron en el capó, más bien el mayor lo hizo y el menor solo se apoyó sobre su cuerpo.

- ¿Le dijiste a la rubia que se hiciera el exámen? - preguntó el de rastas mirando a los ojos a su ex no tan ex.

- Sí, le dije y también le dije la razón por la que quería que se lo hiciera: tú. - el menor abrió levemente la boca, sorprendido.

- ¿Y qué dijo? ¿Cómo reaccionó? - preguntó un tanto preocupado, pero a la vez un tanto emocionado. El hecho de ser un rompe-relaciones no lo incomodaba en lo más mínimo, menos si era por Tom.

- No te voy a decir las cosas que dijo, son irreproducibles y reaccionó mal. Se puso a llorar muy enojada y me cacheteó, por eso salí. - el menor asintió y entonces continuó hablando. - Antes de que me pegara me dijo que se lo iba a hacer y nos llevaríamos una sorpresa, pero cuando le dije que yo elegiría el lugar donde se haría el exámen... me cacheteó. -

- Tom... yo creo que entonces no está embarazada, porque si lo estuviera no tendría problema. ¿Tú no desconfías de ella? - el mayor pensó varios minutos antes de responder.

- Desde lo que pasó hoy, sí, desconfío. Y lo he decidido, no esperaré por los resultados, la dejaré y quiero que tú estés presente cuando lo haga. - eso si que no se lo esperaba nunca, abrió la sorprendido y no supo qué decir.

- ¿Estás seguro? - el otro asintió. - Pero tom, es que... ¿y si se lo toma a mal? -

- Por supuesto que se lo tomará a mal, pero tiene que aceptar que ya no la quiero. Le daré el dinero necesario para un pasaje de vuelta a su casa, no puede pedir más. - el menor sonrió y se abrazó al cuello del otro para apoyar la cabeza en su cuello, feliz.

- Te... te agradesco que hagas todo esto por mi. -

- Me gusta hacerlo no te preocupes. - le dio un pequeño beso en los labios y lo miró unos minutos antes de hablar. - Si no anduvieras en tu auto te iría a dejar a tu casa para... serciorarme de que llegas a salvo. - rodó los ojos divertidamente y eso hizo que el de rastas se riera.

- Pero si quieres puedo dejar mi auto aquí y te aseguras de que ningún violador entre a mi departamento. -

- ¿Y mañana en qué irías a trabajar? Te aseguro que me encantaría ir a tu departamento y violarte una y mil veces, pero no puedo dejarte sin movilización. - era cierto, su trabajo, había olvidado completamente que tenía que ir a trabajar al otro día y como estaba tan convencido de que renunciaría... pero se decidió. Decidió que no mostraría más actitudes cobardes frente a los otros dos que lo engañaron, ya mucho tendría que soportar con tener que aguantar que la pelirroja teñida le recriminara que no se defendía solo como para que lo molestara porque se iba. ¡Eso nunca!

- Tienes razón, mañana tengo que ir a trabajar. No quiero, preferiría quedarme contigo en mi cama, acostados y... quien sabe. - se sonrieron y se besaron, después el menor se acordó de su rubio amigo y lo solo que había quedado, o cuando se quedó dormido en el piso cuando se juntaron hacía un par de días. - Gustav está algo solo... digo, a lo que me refiero es que nunca ha mencionado a nadie. Nunca ha dicho que le gusta alguien. - el mayor lo pensó y estuvo de acuerdo.

- Tienes razón, le presentaría a alguien, pero no conozco a nadie adecuado, adecuada. Jajaja, ¿y tú? ¿Conoces a alguien que podamos presentarle? - el de rastas pensó, aún abrazado al cuello del otro, pensó durante varios minutos hasta que tuvo una muy buena persona en mente.

- Conozco a una chica, pero no sé si esté "disponible", ¿me entiendes? Su nombre es Estella, trabaja en la editorial, le preguntaré si tiene interés en conocer a mi amigo, la personita más tiernita que conozco. -

- Con que es la persona más tiernita que conoces. -

- Sí, es tan... ¡no sé! Si hasta parece un osito. - al parecer no se había dado cuenta de que Tom estaba con los celos a flor de piel.

- Un osito. - e iban en aumento.

- Sí, uno que puedes apretar y no sé, es tan... ¡Tom, acuestate conmigo! - eso no se lo esperaba, eso si que lo tomó por sorpresa. Los celos que iban en aumento, se devolvieron a su lugar de orígen con el fogoso beso que Bill le plantó en los labios.

- ¿Seguro? - preguntó aún sin salir de su asombro.

- ¡Por supuesto que sí! - subió una de sus piernas a la cadera de Tom y, como un desesperado, hizo que el de trenzas se recostara en el capó del auto.

- Bill, por si no te has dado cuenta estamos al aire libre. - dijo separandolo de su boca para hablarle, entonces Bill recién cayó en la cuenta de lo que le decían. Entonces se enderezó y se arregló un poco la ropa.

- ¿Cómo es que pasamos de hablar de Gustav a esto? - pregunto respirando agitadamente.

- No lo sé. Tu hablabas de que era un osito, el más tierno que conoces y de pronto me pediste que me acostara contigo. - por el tono que usó el de rastas se dio cuenta, recién, de que el otro estaba celoso.

- No te pongas así. Será tierno y todo lo que quieras, pero a mi me gustas tú no él, me gusta acostarme contigo no con él, me gusta pasar el tiempo contigo no con él, así que por faor... no te pongas celoso y hagamoslo en mi auto. - el mayor sonrió y Bill lo tomó de una mano para llevarlo a su auto. -Quiero que lo hagamos acá, porque ya lo hicimos en tu auto. - dijo sacandole la alarma y abriendo la puerta trasera, se subió y luego lo hizo Tom.

- Me parece justo. - cerró la puerta tras de sí y se acomodó sobre el cuerpo del otro. - Entonces le presentarás a Gustav a tu amiga. -

- Sí, pero hablemos eso mañana u otro día. Ahora terminemos lo que aún no empezamos. - y dicho eso se "comió" los labios de Tom.

Se desvistieron rápidamente y tras tocarse varios minutos por fin el mayor se introdujo dentro del otro. Como en la mayoría de las veces que lo habian hecho al principio fue lento y con cuidado, pero a medida que transcurrían los minutos el ritmo se volvía desesperado y salvaje. Iban bien, demasiado bien, hasta que de la boca de Bill se escapó algo que ninguno de los dos se esperaba.

- ¡Oh... Tom! Aah... sí, más Tom, más... te amo, Tom. - dicho eso abrió sus ojos lo más que pudo, quedando inmóvil mirando el techo del auto. Por otro lado Tom detuvo sus embestidas y se quedó mirando atónito la cara del pelinegro bajo su cuerpo.

- Wow... - fue lo único que salió de sus labios los primeros segundos.

- Oh, Tom... yo no.. lo siento, yo... se me salió y... - no se atrevía a mirarlo a la cara y menos a los ojos. Seguía mirando el techo de su auto.

- Yo también... - lo interrumpió y Bill se quedó en silencio por la sorpresa. No sabía qué decir. - Yo también te amo. - susurró y entonces el otro lo miró a los ojos. Lo besó y le sonrió, entonces después de eso y con una declaración de las grandes siguieron en lo que estaban.

Terminaron los dos al mismo tiempo y no podían parar de sonreírse. Los había puesto muy felices, a ambos, saber que el otro aún sentía lo mismo, o incluso más, que antes. Se vistieron y se bajaron del auto para despedirse.

- Iré a tu casa mañana como a las 9 para que vayamos a hablar con Ash, ¿te parece? - el menor asintió.

- Te amo. - dijo conciente de sus palabras y lo besó. El mayor sonrió dentro del beso y lo tomó más fuerte por la cintura.

- Yo también te amo y mucho. - se despidieron con un beso tierno y un poco tristes por separarse se subieron a sus autos y partieron a sus casas.

El de trenzas cuando llegaba a su casa se puso de mal humor. Encontró estúpido tener que separarse de Bill e irse con otra a pasar la noche (claro que no dormían juntos, hacía tiempo que no lo hacían) siendo que ya se habían declarado amor y todo eso. Pero pensó que sería un poco mejor y que quizas podría decirle a Ashley lo que ocurriría al día siguiente. Recordar que en tan solo un día más podría pedirle a Bill volver, le subió un poco el ánimo.

Llegó a la casa y al entrar la rubia estaba sentada en uno de los sofás con unos papeles en las manos. - ¿Qué es eso? - preguntó él cerrando la puerta y luego acercándose hasta donde ella estaba.

- Es un poder. Yo sé que estoy embarazada, sé que tu eres el padre como también sé que no quiero quedarme con este hijo si tu no vas a estar conmigo. - Tom no entendió eso, entonces agudizó sus sentidos y se sentó en un sofá frente a la chica.

- No entiendo, sé más clara. - la rubia suspiró y lo miró.

- Me voy a hacer el maldito exámen, en dónde sea que tú quieras. Pero no me voy a hacer cargo del bebé, te lo voy a dejar a ti, para que juegues a la familia con ese maricón de rastas. Yo me voy a ir y no te quiero ver más ni a ti ni a ese otro. - el de trenzas quedó atónito, tanto que abrió la por la sorpresa.

- ¿De qué estás hablando? No... no te entiendo. -

- Tom... yo sé que si no terminas conmigo, me serás infiel día y noche con Bill, entonces es mejor terminar ahora. Y como estoy esperando un hijo tuyo y no tengo como mantenerlo en ésta ciudad, fui a una notaría y saqué un poder que te deja con la custodia completa del bebé. No será necesario un juicio. -

- O sea que... ¿qué? -

- ¡Por dios, Tom, como tan idiota! Terminamos, ya no estamos juntos. Ahora, cuando pasen 9 meses me contactaré contigo y te entregaré al bebé. ¿Entendiste ahora? - el pelinegro no se la podía creer. De verdad que no se la podía creer, nunca en su vida pensó que tendría que enfrentarse a alguna situación como esa.

- Eso quiere decir que sí estás embarazada. - dijo afirmando más que preguntando.

- Sí, lo estoy. Toma, me tomé la molestia de fotocopiarlo. - le extendió una carpeta que contenía adentro los papeles del poder total sobre el bebé que nacería. - Como ya no estamos juntos, me voy. Hablé con una amigo mío que me acogerá en su casa. - se puso de pie y caminó hasta los pies de la escalera. El de trenzas no tenía palabras y cuando vio a la rubia pararse junto a unas malestas, se hiperventiló internamente. Eso lo bloqueó completamente dejándolo inhabilitado para hacer cualquier cosa.

- Espera. - venció el bloqueo corporal y mental que tenía y se puso de pie, caminó hasta donde la rubia estaba de pie. - ¿Cómo es posible que hagas algo así tan rápido? N-no es posible. Hay que esperar el resultado del exámen y no sé... muchas cosas. -

- No hay muchas cosas para resolver, Tom. Lo único sin resolver aquí es el sexo del bebé, porque tú te quedarás con ese mariconcito que no sé qué tiene que yo no tenga, yo me iré y no me verás más, claro después de entregarte el bebé y... eso sería. - la rubia tomó las maletas y cuando iba a caminar Tom la detuvo por un brazo.

- Pero no entiendo, ¿por qué me lo dejas a mi? ¿Cómo sé yo que es mío? - Ashley enfureció con eso, tanto que le pegó una cachetada que lo hizo voltear la cara, muy puta podrá verse, pero la chica había sido fiel todo el tiempo.

- ¿No quieres a tu hijo? Bien, lo daré en adopción, lo único que quiero es irme. Dejarte atrás, como tu no te atreviste a hacerlo lo hago yo, te dejo. - soltó las maletas para quitarle la carpeta de las manos, pero él no lo permitió.

- Si estás tan decidida y apurada en irte, me lo quedaré. Pero esto si pasará por juicio, me haré cargo de que no lo veas nunca y... -

- Eso no es necesario. Voy a desaparecer de tu vida ¿qué parte no entiendes? No tengo intenciones de ver al bebé. Puedes decirle a Bill que sea su mami, estoy segura de que aceptará encantada, digo, encantado. -

- ¡No hables mal de él cuando estés frente a mi! ¡Él es mil putas veces mejor que tú en todo sentido! ¡En todo sentido! Podrá no tener tetas o culo, ¡pero es bueno de alma! Por eso estoy enamorado de él. - al terminar de decir eso, respiró profundamente y se llevó una mano a la frente. Cuando insultaban a Bill se esa forma no podía soportarlo. Una vez, cuando jóvenes, dejó inconsciente y en el hospital a un muchacho un año más grande que él por decirle a Bill que parecía mujer.

Sólo porque Ashley era mujer no le había aventado un golpe. - Enamorado. - repitió la chica mirandolo a los ojos con los propios aguados, tenía conocimiento de que Tom ya no la amaba como antes, pero de ahí a que le escupiera en la cara que ya estaba enamorado... ¡fue demasiado para ella! Entonces tomó sus maletas y salió de la casa, el de trenzas se paró en la puerta para mirarla. Ella se giró. - Mañana... cuando estemos más calmados, terminaremos de hablar, ¿te parece o estarás ocupado con tu amorsito? -

- Deja de provocarme, la única que sale herida eres tú. Y sí, estaré con mi "amorsito" y también vamos a hablar, hablaremos los tres juntos. - la rubia no dijo nada ante eso, solo se dio la vuelta y caminó. Tom no supo dónde, pero suponía que iría a porun taxi que la dejara en casa de su amigo. Después de quedarse un par de minutos respirando el aire, en la puerta, decidió entrarse y lo hizo. Se fue a sentar en los sofás.

Miró el papel que le daba el poder absoluto sobre algo que todavía ni siquiera sabía si existía. Lo leyó varios minutos y después de eso suspiró sonoramente. Por lo menos le había dejado el camino libre para estar con Bill, era un gran paso ¿no?

Dejó la carpeta en los sofás y se fue a su habitación. Pensando en que si la chica se había dado la molesta tarea de esperar por un simple papel era por algo, empezaba a dudar en pedirle que se hiciera el exámen. Perono desistiría, le había prometido a Bill que le diría que se lo hiciera y ahora que lo había hecho no hay marcha atrás. No le cuadraban muchas cosas, pero no sabía cuáles eran, sólo tenía el presentimiento de que le faltaba por completar algo. - ¡Odio no saber lo que quiero! - gritó tirandose encima de la cama boca abajo, ahogando varios gritos más en la almohada.

Se giró y quedó mirando el techo. Pensó en cómo le diría a Bill que se transformarían en padres (sólo si el otro aceptaba) de un día para otro. O por lo menos él iba a ser padre y Bill solo iba a ser... - ¡Ahh! ¡No sé nada! Calma, Tom, empieza de nuevo. - pensó en cómo le diría a Bill que tenían que hablar con Ashley sobre el bebé que había dejado bajo su cargo y que si él aceptaba también sería su hijo, por lo tanto... - ¡No! ¡Tampoco sirve! ¡Eres como Tony Harrison para las estrategias, Tom! - se golpeó levemente la frente y presionó en sus sienes.

La tercera es la vencida. Le diría a Bill exactamente lo que Ashley le había dicho a él, que le iba a dejar a cargo de un hijo, su hijo, que ella desaparecería de sus vidas y... en fin, ustedes saben qué dijo. Y después de terminar de contarle, respondería todas las preguntas que el otro pelinegro tuviera. Sólo esperaba que no se asustara ante la idea de ser padre de un hijo que no es de él y lo deje, esta vez para siempre.

- ¡Ay, no! ¡Me va a dejar si le digo! Pero no puedo ocultarselo, terminará enterandose igual. Pero se asustará, insisto. Si no cruzas el puente no sabes qué hay al otro lado. ¿Qué? No sé, sólo... sólo espero que no me deje. No lo soportaría. - se volvió a acostar en la cama (ya que cuando se asustó porque Bill podría dejarlo, se puso de pie más rápido que flash) y puso sus manos bajo su nuca, sin dejar de mirar el techo y con los pies cruzados.

Se durmió, después de acomodarse, con la ropa puesta. Estaba tan asustado que tuvo la pesadilla más horrible de toda su vida: Bill lo dejaba y se iba con Ashley (en la pesadilla la rubia sí estaba embarazada, pero el bebé era de Bill) y lo dejaban diciendole que nunca lo amaron. Una verdadera mierda.

- No, no puedo quedarmelo... no. No lo haré. - dijo despertando en mitad de la noche. Al parecer todo lo que había pensado de decirle a Bill y pedirle que lo cuidaran se fue por el baño y decidió no quedarselo. Lo sentía por Ashley, pero sus padres sí tenían los recursos para mantenerla a ella y al bebé. - Ahora sólo tengo que decírcelo a ella. - y después de pensar eso en voz alta, se durmió.

TE QUIERO DE VUELTA by Mila Near cap 13


- N-no puedes... no puedes decirme eso. - dijo llorando y estirando sus brazos hacia el otro, pero este se alejó.

- Créeme que lo hago con el dolor de mi alma. - el mayor no podía ni siquiera mirarlo a los ojos.

- Pero... pero yo te... te quiero de vuelta conmigo. - sin previo aviso se acercó al de trenzas y lo abrazó por el cuello.

- Bill, entiendeme no puedo dejar a Ash ahora, está embarazada. -

- Pero... ¿y si no lo está? - el mayor se alejó bruscamente del menor y lo miró con tristeza.

- ¿Cómo no va a estar embarazada? ¿Estás loco? ¿Tú crees que sería capaz de algo así? -

-¡Sí, lo creo! Por eso te lo digo, porque sé y me dijeron que no estaba embarazada. -

- ¿Ah, sí? ¿Y quién te dijo? ¿Un ginecólogo? Porque si es así te creo. -

- Tom, por favor créeme, dile que se haga una prueba y sabrás que no está embarazada. -

- No puedo hacerle eso, no puedo desconfiar así de ella. -

- Eso quiere decir que no me quieres ni un poco. No estás dispuesto a dejarla por mí, eso lo entiendo. Pero quiero que sepas que yo...yo... desde que te volví a ver, te volví a querer mucho. - bajó la mirada y se llevó las manos a la cabeza.

- Bill yo si... si te quiero. Pero hacer eso de una prueba... no sé. -

- Entiendo que quieras tener hijos y tener una familia, yo sé que no puedo darte eso así que... creo que es todo. Ahora te pido por favor que te vayas. - se dirigió a la puerta y la abrió, el de trenzas caminó hacia él y lo tomó por los brazos.

- Está bien. Le diré que se haga la prueba, lo haré por tí. Si no está embarazada, la dejaré por tí y si lo está...ahí veré qué hacer. -

- ¿En serio harías eso? ¿Lo dices en serio, Tom? - en los ojos miel del pelinegro de rastas se notaba la emoción. Era tanta que a pesar de tener los ojos llorosos lo besó y lo abrazó. Ahora que lo tenía ahí, no quería dejarlo ir.

- Ya me tengo que ir, si es posible le diré que se haga los exámenes hoy. Y si no se puede hoy, mañana a primera hora. -

- No quiero que te vayas. Quédate conmigo. - le besó el cuello y cerró la puerta con uno de sus pies.

- Hmm... no puedo quedarme. - a pesar de que decía que no, su cuerpo no actuaba en consecuencia con sus palabras, ya que le correspondía el beso al otro y también lo tomaba con más fuerza por las caderas. Lo acorraló contra la puerta y siguió besandolo, el otro al ser acorralado recordó a Estella y se sobresaltó un poco, aún así quiso seguir con el beso.

- Tom... respondeme algo. - dijo de pronto separandose de la cara del otro.

- Dime, soy todo oídos. -

- ¿Por qué cuando lo hicimos te fuiste sin despedirte de mí? - el de trenzas sonrió ante la pregunta, pero el de rastas no le encontraba la gracia.

- Porque... si lo hacía, abusaría de ti. - el menor se rio de eso y a pesar de que el otro no tenía una mejor explicación que esa, dejó el tema de lado.

- ¿Te vas a quedar? - preguntó subiendo una de sus piernas a las caderas de Tom haciendo que sus miembros se tocaran por encima de la ropa.

- Oh, con una motivación así, cualquiera se queda. - y dicho eso lo tomó en sus brazos y se lo llevó a la habitación. En donde lo desvistió rápidamente y le hizo el amor un sin número de veces.



- Despídete. - dijo el de rastas acostado en la cama, tapado solo con la sábana, mirando como el otro se vestía.

- ¿Tan pronto quieres que me vaya? -

- Te estás vistiendo, eso me dice que te vas. - el menor se paró de la cama y se tapó el cuerpo con la sábana. - A menos que no te quieras ir. - al llegar frente al de trenzas dejó caer "accidentalmente" la sábana y lo miró con cara de niño bueno. Eso fue irresistible para él quien lo tomó por las caderas y lo volvió a tirar a la cama.


- Oh, sí... así, más rápido, Bill...oh... - gemía el de trenzas afirmando las caderas del otro y haciéndolo bajar sobre su miembro. Era la tercera vez que lo hacían y ambos estaba a punto de terminar. Sólo tres "montadas" más bastaron para que ambos acabaran, Bill entre sus cuerpos y Tom obviamente dentro de Bill. Quien se recostó al lado de Tom y se lo quedó mirando.

- ¿Ahora te irás, verdad? - el otro asintió mientras se levantaba de la cama.

- Pero si se me ocurre algo muy inteligente para inventar, vendré en la noche. -

- ¿Hablas en serio? - el de rastas se incorporó en la cama, emocionado.

- Sí, me afectó eso de que tú dices que no te quiero y que no haría nada por ti. Me dejó mal. - el de trenzas se vistió rápidamente, el menor se paró de la cama y se cubrió el cuerpo con la sábana. - Oh, por favor no. Que no se te caiga accidentalmente de nuevo que no me podré aguantar. - dijo poniendo una mano frente a su pecho en señal de alto, el otro solamente se carcajeó.

- ¿Qué inventarás para venir? - preguntó haciendo un nudo con la sábana en su cadera.

- Algo así como que iré a la casa de Georg, creo que ella no sabe dónde vive. Pero Bill... escúchame. Si resulta que está embarazada... lo pensé y no va a significar que nos separemos para siempre. -

- ¿No? ¿Y entonces? -

- No lo tengo claro, pero lo que sí tengo claro es que no te quiero perder de nuevo. -

- Eres un amor. - le dijo el de rastas avanzando abrazado a su cuello hasta la puerta de salida.

- Ya lo sé, jajaja. - al llegar a la puerta se despidieron y después de separarse (como pudieron) el de trenzas se fue.

Suspiró como enamorado, pegó un leve saltito y se fue al baño. Al principio Tom había ido para decirle que no se vieran más y luego de un poco de palabras, lo dio vuelta y lo hizo querer ir nuevamente. - Si fue tan fácil, quiere decir que no estaba convencido de lo que me decía. - se dijo sintiendo el agua tibia recorrer su cuerpo. Al salir de la ducha se fue a su dormitorio para vestirse y miró la hora en su celular y se sorprendió, eran las 4:45 de la tarde y cuando se despertó (cuando el de trenzas llegó a su departamento) eran más menos las 10 de la mañana.

Al no tener nada más que hacer se fue al living a ver películas y a recordar cosas de su noviazgo con el chico que se había ido hacía unos pocos minutos. Recordó la primera vez que pelearon, fue una pelea sencilla, meses antes de que lo hicieran por primera vez. Para ser exactos, llevaban dos meses y medio juntos.

Flashback

Habían quedado de ir a la fiesta de uno de sus amigos en común y el pelinegro se había olvidado, por lo que cuando el de rastas lo fue a buscar él andaba en bóxer en la casa, estaba viendo una película comiendo fresas con crema. Y aunque al rubio le hubiera gustado quedarse ahí y comer algo más que fresas le insistió en que se apurara.

El pelinegro, bajo los insistentes "apurate" del otro, se demoró en arreglarse. No era sólo para verse bien, quería que los demás se dieran cuenta de la belleza que el de rastas tenía por novio... que era casi lo mismo que verse bien. Cuando estuvo listo y llegó abajo, el otro estaba tan enojado que ni siquiera le dijo algún comentario baboso, sólo se paró y salió de la casa. Simone no estaba, por lo que salió atrás de él.

- ¡Hey! ¿Se te olvida acaso que irás conmigo? - le dijo llegando a su lado y mirandolo insistentemente. El de rastas solo lo ignoró. - Tom, te estoy hablando. ¡Ponme atención, Tom! - como el rubio lo ignoró, cuando este le abrió la puerta del auto lo empujó y se devolvió a su casa.

- ¡Hey, Bill! ¿Qué haces? - le dijo siguiendolo.

- ¡Suéltame! - se quejó moviendo su brazo, cuando el otro lo tomó de una muñeca para girarlo. - No quiero ir a ninguna parte. No si me vas a ignorar. -

- Pero no era mi intención, yo sólo... -

- ¡¿Que no era tu intención?! ¡Me ignoraste completamente y sí parecía tu intención! ¡Ni siquiera me miraste cuando bajé las escaleras! ¡Ahora me miras porque te estoy gritando! ¡Y te dije que me soltaras! - lo empujó y se dio media vuelta para entrar a su casa, pero el rubio avanzó, lo tomó por los hombros, lo giró y lo acorraló contra la puerta para besarlo.

- Dime ahora que te suelte. - le dijo besandole el cuello, el pelinegro estaba en otro mundo.

- Suéltame. - susurró casi en contra de su voluntad, la inconsecuencia no se encontraba dentro de su vida, o a veces sí, pero esa no era una de esas veces.

- ¿Vas a ir conmigo o tendré que ir solo? - dijo el de rastas cuando lo hubo soltado. El menor levantó una de sus cejas y se cruzó de brazos.

- O sea que si no voy, irás igual. Me parece perfecto, entonces pásalo bien. - se dio media vuelta y sacó las llaves del bolsillo de su pantalón.

- Bill, yo no quise decir eso, no era esa la manera. ¡Ponme atención! - se desesperó cuando el pelinegro abrió la puerta y estaba entrando. Antes de que cerrara entró en la casa.

- Molesta que te ignoren, ¿viste? -

- Por favor, Bill, no te enojes. Quiero que vayas conmigo. - dijo tomandolo de una mano y acercandolo a su rostro. - Por favor. -

- ¿Prometes que no te volverás a enojar? -

- Lo prometo, lo prometo. - le rodeó el cuerpo con sus brazos y lo besó en los labios.

- Está bien, vamos. - salieron de la casa y se fueron rápidamente a la fiesta, tenían más de una hora de retraso. Cuando llegaron el anfitrión de la fiesta, Nicholas alias "el fiesta", los recibió y los hizo pasar enseguida a la "zona vip", que sólo era el lugar que tenía las botellas de trago en una mesa.



Tomaron, bailaron, se besaron, se tocaron, se cayeron, saltaron, gritaron, jugaron... qué no hicieron. Y cuando la fiesta terminó el rubio estaba tan mareado que en esas condiciones no podía manejar. - ¿Qué vamos a hacer? - preguntó el pelinegro sosteniendo al otro como podía afuera del auto.

- Duerme... conmigo, en los asientos... de atrás. - el de rastas estaba durmiendo de pie y cada que podía besaba al otro, que solo se dejaba para que el otro no se enojara porque el olor a alcohol y cigarrilo lo tenían enfermo.

- Pero... no sé, no me convence esa idea. - dijo un tanto nervioso por la propuesta que el rubio le había hecho.

- Bill, mírame... no te estoy pidiendo que te acuestes conmigo, solo que duermas. ¿Se entiende? - el menor asintió y entonces le sacó la alarma al auto. Subieron y se acostaron en los asientos traseros, el mayor abajo y el pelinegro encima. Se acomodaron un poco y luego de darse las buenas noches con un tierno beso, se durmieron hasta la mañana siguiente, en donde se fueron a la casa del de rastas y se acostaron en su cama, sin hacer nada más que dormir.

Fin Flashback



- ¡Me aburro! - gritó parandose del sofá. Tomó las llaves de su auto y de la casa, fue a la cocina por una fruta y salió. Tenía hambre y sólo había un lugar a donde podía ir: la casa de su madre. Se vería como que estaba siguiendo al de trenzas, pero no era así, sólo quería seguir viviendo y no morir de hambre.

Al llegar se bajó del auto y Tom salía de su casa, al verlo se rió y le hizo una seña con la cabeza. Al darse cuenta de que no lo iba a ver a él se subió a su auto y salió, quizá a dónde iba. Quedó con la duda en la cabeza. Tocó el timbre de la casa de su madre y a los segundos la mujer abrió. Lo llenó de besos y lo abrazó para luego dejarlo entrar en la casa.

- ¿Qué te trae por aquí? - dijo ella cerrando la puerta de entrada.

- Sé que es tarde, pero estuve ocupado... vengo a almorzar. - la mujer levantó una ceja y lo miró varios segundos antes de hablar.

- ¿Qué era tan importante como para que aplazaras la hora de comer? - el pelinegro se rió solo y no pudo evitar sonrojarse. - ¡Tienes que contarme! - reclamó su madre después de que se la pasó varios minutos riendose solo y no decía nada.

- Tiene que ver con Tom. - dijo el chico emocionado. Su madre también se emocionó y se fueron a sentar en el sofá, el de rastas le contó todo lo que había sucedido (incluso cuando lo dejó solo) y la cara de su madre cambió un poco al escuchar lo del embarazo de la rubia.

- ¿De verdad crees que no está embarazada? - preguntó mientras se ponía de pie, le serviría la comida a su hijo.

- ¿Y tú de verdad crees que sí lo está? - la siguió hasta la cocina y se sentó en la mesa que ahí había. La mujer no respondió. - En fin, como sea. Creo que él igual la dejará por mí. - su madre no muy convencida le sonrió, sólo quería que su bebito fuera feliz. Y si eso implicaba dejar a una madre soltera... lo sentía mucho por ella.

- Siempre serás tú primero. - dijo y el chico no la entendió, pero le restó importancia y le sirvió su plato de arroz arabe con un filete de vacuno.


- Haré la del coletivo: se llena y se va. - dijo al terminar de comer. Su madre lo miró con la ceja alzada, pero al final igual sonrió. Ese día sólo le había contado de Tom, pero no le había contado de Tara con Chris y menos de Estella... Estella, ¿qué estaría haciendo? - Cuídate, hablamos otro día. - al salir de la casa de su madre miró al lado y el auto del de trenzas no estaba estacionado, por lo que supuso aún no llegaba. Más intrigado estaba pensando en dónde podría estar.

Al subirse a su auto quiso llamarlo a él y a Estella, pero no encontró su celular, lo había dejado en su casa.

De un momento a otro, cuando manejaba a su casa, recordó una conversación con Leah, hablaban de Tara.

- Como que ella no me cae muy bien y te lo he dicho antes. -

- ¿Pero por qué no te cae bien? Es una persona muy agradable. -

- No sé, algo en el fondo me dice que no es de fiar, puede ser agradable y todo lo que quieras, pero en el momento en que la necesitas no estará. O puede traicionarte, no sé, qué sé yo. Eso es lo que pienso de ella. -

- Bueno a mí no me ha dado razones aún para desconfiar, por lo que no desconfío. Cuando me haga algo, serás la primera en enterarte y si quieres masacrarla tendrás mi permiso. Pero recuerda, sólo si me hace algo y yo te lo informo. - Leah sonrió con gusto, imaginándose la imágen de ella golpeando a Tara.

- Jajaja, no debiste usar la palabra "masacrar", con eso no sabes lo que me imagino. -

- Ya no seas mala, por favor. No puedo creer que tengo por mejor amiga a una psicópata. -


Dobló en una esquina y cambió de rumbo, iría donde su amiga a contarle lo que había pasado. Se lo tenía que decir, él le dijo que si algo pasaba sería la primera en enterarse, pero no sería la primera, aunque la chica no tenía por qué saber eso. Al llegar a la casa de su amiga vio afuera el auto del de trenzas, ya no tenía dudas pero... ¿qué hacía ahí? - ¿Cómo hablaré con Leah? - se dijo mientras bajaba del auto.

Se acercó a la puerta y tocó el timbre, fue Gustav quien abrió. - ¡Mira a quién tenemos aquí! - dijo subiendo el tono de voz, lo dejó entrar y los ojos del de trenzas brillaron.

- Empiezo a creer que me sigues. - dijo entre risas.

- Cómo te gustaría. - le cerró un ojo y se sentó en el sofá a su lado. Lo "saludo" con un beso en los labios y miró por el lugar buscando a su amiga. - ¿Dónde está Leah, Gus? - el rubio se sentó en el sofá frente a los pelinegros.

- Fue recién a su habitación, si quieres hablar con ella anda. -

- No estaba esperando tu autorización para ir. - le sonrió amigablemente y se puso de pie. Como pudo hizo que el de trenzas le soltara la mano y subió al cuarto de su amiga. Entró sin golpear. La chica se estaba poniendo una polera, seguramente era la tercera del día. - Oye, idiota, tenemos que hablar muy seriamente. - dijo ocupando un tono serio, casi enojado, y también una mirada seria al borde también del enojo. La chica puso una cara de terror y eso arruinó su actuación, se puso a reír.

- ¡Idiota, me asustaste! - le gritó tirandole una polera que estaba encima de la cama. - Hace tiempo que no sabía de ti, ¿una semana? - el pelinegro asintió y cerrró la puerta, se sentó en la cama mirando el techo. Leah se acomodó a su lado, mirando también el techo. - Escuché que Tom estuvo en tu casa hoy. Soy toda oídos. -

- ¡Demonios! Yo que quería contarte otra cosa. - se quejó levantando sus piernas y dejandolas caer. La chica hizo lo mismo.

- Primero Tom, después Chris. - ese nombre... a pesar de que lo enojó y enseguida se le vino a la mente la imágen de él con Tara, se contuvo y le habló de Tom.

- Lo que pasa con Tom es... - le contó sobre lo que había pasado desde después de la reunión en que los vieron muy pegados, hasta que lo saludó hacía unos minutos en la parte de abajo de la casa. Eso incluía todo lo del embarazo que creía falso y lo que le había dicho el de trenzas de no querer perderlo de nuevo. Tampoco le contó sobre Estella, porque ella venía en la parte de Tara con Chris. En realidad sí le contó de ella, pero indiscretamente, le dijo que ella lo había defendido de la rubia y que había sido ella quien le dijo que no creía que estuviera embarazada.

- Yo tampoco lo creo. No sé cuánto lleva con Tom, pero si viven juntos debe ser mucho y que después de que su novio se encuentre con su ex, se embarace... es muy raro. Yo no le compro el embarazo y si se hace un exámen tiene que ser en un lugar que lo escoja Tom, no vaya a ser que ella le pague al médico para que altere los resultados. -

- Supongo que Tom sabe eso. - se quedaron en silencio algunos minutos y se miraron, aún con el cuerpo en dirección al techo.

- Dijiste que me contarías otra cosa. - el pelinegro volvió a mirar el techo y se mordió el labio.

- Oh sí, esto te va a encantar. -

- Entonces si me va a encantar, cuéntamen rápido. -

- Ya sé, es solo que no sé qué harás, ahora me preguntó qué harás. -

- No me hagas esperar, a ti no te gusta que te hagan esperar. -

- Es cierto, me carga eso. No entiendo por qué se demoran tanto en contar algo tan simple... oh, Leah, yo estoy aquí cuando podría estar con Tom abajo. -

- ¡Bill! -

- Ya voy, ya voy. No seas tan apurona, por Dios. -

- Estoy que me como la uñas, por favor Bill no me hagas esperar más. -

- Muy bien... ¿recuerdas a Tara, verdad? Bueno lo que te tengo que contar, tiene que ver con ella y con Chris. - la chica se sentó en la cama y agudizó los sentidos. Entonces el pelinegro le contó, sobre Estella, sobre cuando los vio, cuando estaba en el centro comercial con Estella y le hizo jurar que no le diría a nadie sobre el beso que le había dado.

Leah estaba con la mandíbula más que abierta, sorprendida, shockeada, enojada, furiosa, rabiosa... ella sabía que la tal Tara no era de fíar y con lo que había escuchado lo comprobó, ahora solo le quedaba...

- Masacrarla. - dijo haciéndose sonar los nudillos de las manos, con una expresión sería. Asustó al pelinegro... en serio, además la chica sí hablaba enserio.

TE QUIERO DE VUELTA by Mila Near cap 12



Había pasado la semana laboral y ya era sábado. En esa semana se había acercado tanto a Estella que se dio cuenta de que era muy simpatica y que no tenía razones para que no le cayera bien. Había ignorado completamente a Tara y a Chris, se había ido a trabajar a la oficina de Estella y la pelirroja y el castaño no se habían molestado en hablarle, eso le hacía hervir más la sangre. Tom tampoco lo había llamado esa semana ni siquiera para decirle... ¡cualquier cosa!

Como se hizo tan cercano a la chica de las portadas, teminó contandole su historia con Tom y a pesar de que ella le reprochó el haberse acostado con un hombre con novia, no se alejó. También le contó de las sospechas que tenía de Tara con Chris y la castaña se ofreció a ayudarlo en lo que necesitara. Con Leah había hablado solo por teléfono ya que la chica no tenía mucho tiempo como para ir a verlo, por su trabajo. A su madre la había visto 3 veces en la semana solo porque ella lo había ido a visitar, él no había querido ir para evitar ver a Tom.

En una de las visitas que su madre le hizo le dijo que el de trenzas había ido a la casa para preguntarle por él, eso en vez de animarlo lo hizo enojar. Si quería saber de él, ¿por qué no llamaba o lo iba a ver? Ya sabía en dónde vivía.

- ¡Ay, Estella! Mi vida es un desastre. - dijo dejandola entrar en su departamento.

- No digas eso, Billiberto. - se rieron un poco de eso y después estaban saliendo. Iban a pasar el día en el centro comercial, para en la noche ir a escondidas a la casa de la pelirroja y si era posible, encontrarla con Chris.

Al final el pelinegro se compró unos cuantos pantalones, poleras, polerones y un par de zapatillas, al igual que Estella. Se habían pasado todo el día en el centro comercial y había llegado la noche. Dejaron las bolsas en el auto de la castaña y entraron en el edificio en donde la pelirroja vive. Pegaron sus orejas en la puerta y escucharon un poco, había másde una persona dentro del departamento, a pesar de que le hervía la sangre Bill pudo controlarse y actuar con tranquilidad. Entonces se agachó a recoger la llave que estaba abajo de la pequeña alfombra frente a la puerta y cuando no escuchó ruidos cerca abrió.

Entró seguido de Estella, que cerró con cautela la puerta, sin hacer ruido. Avanzaron silenciosamente por la casa y un ruido los asustó, era una risa, la risa de Tara que venía desde la habitación. Iba a ir corriendo si no es por la castaña que lo tomó por un brazo y le hizo una señal de silencio con sus dedos. Entonces asintió y caminó lentamente llegando a la puerta de la habitación, estaba abierta y pudo distinguir dos risas. Y entonces entró sin que Estella pudiera evitarlo y como él sospechaba, la pelirroja estaba con Chris.

Ellos no se habían dado cuenta de su presencia, pues estaban muy concentrados besandose encima de la cama. Bill no pudo contener la sonrisa que se le formó en el rostro y carraspeó. - Muy bonita pareja que hacen. - dijo y eso hizo que los otros dos se sobresaltaran, Estella entró en la habitación y se puso atrás de Bill, afirmandolo (por si acaso) de una de sus caderas. No fuera a ser que se le escapara y empezara a pegarle a los dos.

- Bonita. - repitió asintiendo. En eso la pelirroja se puso de pie y se situó frente al pelinegro, mientras tanto Chris no podía ni reaccionar encima de la cama.

- No es lo que tú crees. - dijo Tara queriendo tocar al de rastas, pero antes de que pudiera hacerlo Estella lo movió hacia atrás. - Tú no te metas. - le dijo enojada a la chica que estaba con el pelinegro.

- Yo no me estoy metiendo en nada, sólo no quiero que lo toques. - dijo tranquilamente la castaña sin titubear o dejar de mirarla.

- Bill... en serio, no es lo que crees. - dijo Chris desde la cama, se puso de pie y también quiso tocarlo, pero fue él mismo quien se lo impidió.

- Sólo para que ustedes sepan, no soy idiota y sé perfectamente lo que estaban haciendo. ¡Oh, me acabo de dar cuenta que interrumpimos! Bueno, los dejo con lo que sea que estuvieran haciendo, Estella vamos. - se dieron la vuelta para retirarse, pero el castaño lo tomó de un brazo y lo hizo girarse nuevamente para que lo mirara a los ojos.

- Perdóname, yo no... - antes de que pudiera terminar, le dio una fuerte cachetada en la mejilla derecha, haciendolo voltear la cara.

- ¿Tú también quieres una? - dijo mirando a Tara, quien estaba a punto de llorar por quién sabe qué. - Púdranse, no los quiero ver más. - y dicho eso se retiró junto con Estella, quien muy apenada solo podía abrazar a su nuevo amigo.



- Bill, lo siento. -dijo la chica de las portadas mientras manejaba a la casa del pelinegro. Puso una mano en la rodilla del chico y él con una de sus propias manos la tomó.

-No te preocupes. Gracias por estar ahí. - le dijo sonriendole. Le había sido tan grata la semana que pasó con ella.

- Ya sabes, cuando quieras, me pegas un silvido y llego. Aunque tiene que ser una llamada porque no voy a escuchar un silvido. - se rieron del comentario de la chica y a los minutos llegaron al edificio en donde el pelinegro vivía. La castañalo ayudó a subir las bolsas con sus cosas hasta el departamento. Eran muchas bolsas y muchos pisos.

- En serio, no era necesario que me ayudaras. - dijo Bill cuando estuvieron con todas las cosas adentro y encima del sofá.

- ¿Hablas en serio? ¡Eran como cinco toneladas en ropa! - respondió ella caminando hasta la puerta, el pelinegro la siguió hasta ahí y se quedaron mirando sin nada para decir.

- Bueno, me voy. No hagas nada ridículo, no valen la pena esos dos. - el de rastas asintió mientras ella le dejaba un amigable beso en la mejilla. Cuando la chica se estaba retirando Bill la alcanzó, la tomó de una muñeca para girarla y le dio un beso en los labios. Se aferró a su cuello y continuó con el beso, subiendo un poco la intensidad, fue entonces que Estella lo tomó por las caderas y lo acorraló contra la pared que estaba cerca de la puerta abierta del departamento del pelinegro. Era una imágen un tanto confusa, porque cuando uno se imagina un beso entre una mujer y un hombre, siempre imagina que es él quien es el más "rudo" y ella la tierna y la que se deja acorralar, tocar y muchas cosas.

Por como Estella lo acorralaba y apretaba con su cuerpo, el pelinegro sentía que estaba besando a Tom, pero sabía que era ella. Mientras que ella, por como el otro se dejaba dominar y tocar, pensaba que estaba con... Allison, alguien muy especial para ella, alguien a quien estaba engañando. Al pensar en eso se separó del pelinegro.

- Lo siento, no puedo hacer esto. - dijo cerrando los ojos y apoyando su frente en la de Bill, quien se sintió un poco incómodo con lo que ella hizo.

- No, yo lo siento, no debí... ya sabes. -

- No te preocupes, ya pasó. Nos vemos el Lunes. - le dejó otro beso en la mejilla y empezó a caminar al ascensor.

- Estella... el Lunes, voy a renunciar. - dijo el pelinegro desde la pared en que estaba apoyado. Esas palabras entristecieron a la chica de rulos y se devolvió frente a él.

- ¿Por qué? ¿Sólo por ellos? ¡Vamos, no les des en el gusto! Van a creer que eres débil, Bill por favor, no te vayas. Te lo pido como tu amiga y nada más. - lo tomó por los hombros y le miró amablemente a los ojos, pero el de rastas bajó la mirada.

- Es que... no es sólo por ellos. Voy a renunciar y... me voy a ir. Me voy a ir de la ciudad a hacer mi vida de nuevo. - esas palabras hicieron que la mandíbula de Estella casi llegara al piso.

- ¿Irte? ¿Por qué? No puedes irte. Tus amigos están aquí, toda tu vida está aquí. ¿Por qué te quieres ir? -

- Me quiero ir para alejarme de ellos, alejarme de los problemas de la rubia que me fue a pegar y por sobre todo para alejarme de Tom. - alejó las manos de Estella con suavidad de sus hombros y la miró a los ojos. - Lo decidí mientras veníamos a mi departamento. Desde mañana busco casa o departameto en otro lugar. -

- ¿No hay nada que te haga cambiar de parecer? - el de rastas negó con la cabeza y la chica muy apenada asintió. - Hablamos el Lunes, no te puedes ir sin antes despedirte. -

- Lo sé, no planeaba hacerlo. Sólo que serás la única que lo sabrá. -

- ¿Yo, la única? ¿Y tu madre y tus amigos? -

- Si les digo a ellos me harán cambiar de opinión y yo no quiero eso. -

- O sea que tengo una responsabilidad encima, ¿verdad? - el pelinegro asintió volviendo a apoyarse en la pared. - ¿Y si yo me consigo el número de tus amigos y les aviso que te quieres ir? - Bill sonrió. Una parte de él quería que sus amigos y madre se enteraran para que lo detuvieran y la otra parte quería irse lo más pronto posible. ¿Cómo entenderlo?

- ¿Me traicionarías de esa vil manera? - preguntó con una sonrisa en los labios.

- No te quieres ir... entonces lo haré, te traicionaré. Ahora me voy porque me esperan. - sonrió y tras volver a darle otro beso en la mejilla se fue, esta vez de verdad.

- Si no me convencen antes de que encuentre departamento, me voy. - dijo lléndose a su habitación, se puso el pijama y se acostó. Se quedó dormido rápidamente. Soñó con Tom.


Flashback

Era la séptima cita que iban a tener y ninguno de los dos se aburría del otro, por el contrario, cada día se atraían más y más. Ese día Tom decidió llevarlo al cine, a ver un thriller que había salido hacía menos de una semana y según la crítica era muy buena. Cuando lo fue a buscar Simone no lo molestó, en vez de eso lo hizo pasar a la sala ya que el jóven pelinegro aún no estaba listo. Lo hizo sentarse en uno de los sofás y lo dejó solos algunos minutos para ir por unos refrescos. Le tendió uno y se sentó a su lado, pero no le dijo nada, solo lo miró mucho.

Minutos más tarde venía bajando el pelinegro buscándo algo en su bolso. - ¡Mamá! - se quejó como niño. - ¡Mi celular se perdió! - al llegar abajo miró a los sofás y al ver a Tom se puso un tanto nervioso. - Oh, h-hola. - se mordió el labio y caminó hasta donde él estaba, lo saludó con un beso en la mejilla. Muy buena relación tendría con su madre, pero le daba vergüeza besarlo frente a ella.

- Bill, tu celular está en la cocina. - el pelinegro se fue corriendo a la cocina y encontró el aparato, volvió casi corriendo a la sala. El de rastas le devolvió el vaso a Simone y se despidieron de ella. - Cuídense, no quiero ir a reconocer cuerpos. -

- ¡Mamá, no digas esas cosas! - dijo el chico de pelo negro enojado, no le causó gracia eso y el de rastas tampoco le había encontrado la gracia, pero no podía decir nada para no causar mala impresión.

- Lo siento. Sólo cuídense. - dicho eso se despidieron de ella y salieron de la casa. Cuando llegaron al auto, antes de subirse se saludaron como se "debía". Como era de costumbre el pelinegro se "colgó" al cuello de Tom y este lo tomó por las caderas para pegar sus cuerpos.

- Hola. - dijo Tom cuando terminaron el beso, eso sí le pareció gracioso al pelinegro y se rió. - Vamos. - se subieron al auto y se fueron al cine más cercano, que tampoco estaba tan cerca, estaba casi a una hora de sus casas. Al llegar compraron las entradas, un paquete pequeño de palomitas de maíz y una soda grande, querían compartir babas.

Cuando entraron a la sala Bill se puso nervioso, le daban mucho miedo las películas de terror, pero sólo había aceptado por dos cosas, la primera era que iría con Tom y la segunda era que podría apegarse a él y abrazarlo cuando le diera miedo, cosa que obviamente haría. Se sentaron casi al final, en donde no había casi nadie, estarían solos.



Había pasado casi la mitad de la película y no habían visto nada. A penas comenzó, con la canción de suspenso y terror, el pelinegro puso su cabeza en el hombro del otro y le dejó un pequeño beso ahí. Eso lo hizo emocionarse, al de rastas, quien giró su cabeza y empezó a besarlo en los labios. Compartieron las palomitas, dándole al otro en la boca seguido de un beso, también compartieron las babas de la soda, pero más compartieron babas directamente de sus bocas. Los besos cada vez eran más "subidos de tono" y eso los hacía estar incómodos en los asientos, entonces Bill se sentó en las piernas de Tom y lo siguió besando, pero no fueron más allá de los besos, las manos del de rastas estuvieron siempre en las caderas del otro, como todo un "caballero".

Para cuando la película terminó estaban tan concentrados en ellos mismos que se fueron si siquiera saber quién era el malo. Se fueron a los estacionamientos, en donde estaba el auto, y se apoyaron en él para seguir besándose. El pelinegro le agradeció a Tom el haberlo invitado y él le respondió que lo haría siempre, para poder seguir viendolo y disfrutando de sus labios y de los besos que lo tenían más que atrapado. Después de decirse eso se apretaron con más fuerza y de los besos pasaron a unos toques, que los dejó en los asientos traseros del auto del mayor. Quien estaba encima del cuerpo del pelinegro y le tocaba los costados del torso por debajo y encima de la ropa.

El menor se puso nervioso cuando el otro le quiso desabrochar los pantalones. - Hmm... Tom, espera... no. - al escuchar eso, el de rastas se detuvo de inmediato y dejó sus rostros a una distancia prudente.

- ¿Hice algo que no te gustara? - preguntó nervioso mirando directamente a los ojos del otro para descifrar cualquier cosa.

- Es que... lo que pasa es... es que no quiero. - dijo con dificultad tratando de no mirar al rubio a los ojos. El otro lo entendió enseguida y sin demorar se salió de encima del cuerpo del menor. - Lo siento, es que yo... soy virgen y no estoy listo. - el de rastas asintió un tanto sorprendido, pero no dijo nada al respecto.

- No te preocupes, yo no te obligaré a nada que tu no quieras. - le dejó un casto beso en los labios y se pasó al asiento del piloto, el pelinegro se pasó al del copiloto.

Al llegar a la casa de Tom, entraron unos momentos y el pelinegro pasó unos momentos con la familia del rastudo, hablaron y lo hicieron reír contandole cosas que el rubio hacía cuando pequeño. Como cuando se disfrazó de Mario para rescatar a la princesa del castillo de su ropero. El de rastas se reía y a la vez se sonrojaba de sobremanera con lo que su madre sacaba a la luz de él, se sonrojó más cuando de alguna parte sacó una foto de él cuando estaba recién nacido. (Como si la suegra se la mostrara al novio de su hijo).

Pasada la media noche Bill le dijo que ya era hora de que se fuera a su casa y como todo un caballero, el de rastas lo fue a dejar. Se estaban despidiendo como ya solían hacerlo, pero ese día había algo más. Había sido distinto por lo que había pasado en el auto y Tom tenía la necesidad de algo, pero no sabía cómo sacarlo a flote. Entonces cuando el pelinegro abría la puerta de su casa, lo tomó suavemente de una muñeca y lo hizo girarse, lo miró fijamente a los ojos antes de besarlo, después lo abrazó y suspiró.

- Tengo algo que decirte. - el menor pasó los brazos por su cuello y pegó sus frentes.

- Soy todo oídos. - dijo dejandole un beso en la nariz.

- Q-quiero... q-quiero que tú... ¿Quieres... quieres ser mi novio? - le costó, pero pudo sacarlo de su cabeza. Le costó más que cualquier cosa que haya hecho antes. El pelinegro abrió levemente su boca y sus ojos y sonreía un poco. Luego de unos segundos se mordió el labio inferior sin poder contener la sonrisa.

- Yo... - no quiso terminar. En realidad quería responderle de otra manera y esa manera era besandolo tiernamente en los labios.

- Eso es... ¿un sí? -

- Es un sí. - aseguró volviendo a besarlo. Más que contentos se volvieron a despedir y el pelinegro entró a su casa y el rubio se fue a la suya. Ambos le contaron a sus familias lo acontecido.

Fin flashback


- ¡Aah! ¡Lo quiero de vuelta! - dijo golpeando el colchón a la mañana siguiente cuando despertó. Era temprano aún por lo que quiso quedarse en la cama descansando. Pero a pesar de que lo quería de vuelta, no podía dejar de pensar en como Estella lo había tratado en el beso. - Igual que Tom. - se dijo haciendo memoria. Recordó también que ella le había dicho que lo traicionaría (en un buen sentido) para que se quedara.

Estaba recostado en su cama mirando el techo cuando el timbre sonó. Se arregló un poco el cabello, se puso una polera y fue a abrir. Se sorprendió y se enojó un poco, era Tom. No quería verlo, porque lo había dejado solo el día que lo hicieron, pero también quería verlo para... para algo. Lo dejó pasar y cuando quiso saludarlo le puso la cara, pero el otro pasó de largo. Eso le dolió y le hizo enojarse más, por el momento el que ganaba era el enojo.

Cuando cerró la puerta y se giró para mirar al otro, este le dio un empujón que lo dejó estampado contra la puerta. - ¿Qué fue eso? - preguntó con los ojos aguados y casi llorando.

- ¿Tú le dijiste a Ash que nos acostamos juntos? - abrió la boca sorprendido y negó fuertemente con la cabeza. El de trenzas se llevó las manos a las sienes y suspiró fuertemente. - Entonces alguien le dijo, porque lo sabe. -

- No creo que le hayan dicho, debe haberlo intuido. Fue a donde yo almuerzo a cachetearme porque su novio no estaba en la casa con ella. - el mayor frunció el ceño enojado. La rubia no había mencionado de haber ido donde Bill a pegarle.

- ¿Te dijo algo ese día? ¿Cualquier cosa? -

- ¿Algo como que si estaba embarazada? - el de trenzas se sorprendió, pero al final asintió. - No lo dijo con palabras, pero lo supuse. Se tocó el estómago mientras me decía que no tendría ninguna oportunidad contigo. -

- ¿Entonces estamos claros? -

- ¿Claros con qué? - el pelinegro se acercó a él, pero este retrocedió sin dejar de mirarlo a los ojos. Se notaba en los ojos del mayor que estaba triste, algo había en sus ojos que lo delataba.

- En que no nos podremos ver más y que por ningún motivo se puede repetir lo de la otra noche. - el menor casi se cae de culo al escuchar esas palabras, se acercó más a Tom y cuando estuvo frente a él no lo aguantó. Se puso a llorar como bebé, nunca se le pasó por la mente, siquiera, que sería Tom el que le dijera que no se verían más. Al parecer al pobre pelinegro de rastas sí le podía salir algo más mal.

TE QUIERO DE VUELTA by Mila Near cap 11


- Hmm, ¿Tom? - preguntó el de rastas recien despertando y tocando la cama a su lado. Al no sentir a nadie por ahí abrió los ojos y buscó por toda la habitación. Nada. Ni siquiera la ropa. Aún no queriendo sacar conclusiones erroneas, se puso de pie y se tapó con la sábana de su cama, lo fue a buscar por el resto de la casa. - ¿Tom? - lo llamó bucandolo en el baño, después en la cocina, en el living y nada. Se había ido. - Me siento ridículo. - dijo llendo a su cuarto, miró la hora en su celular, marcaba las 21: 43 hrs. - No puede ser que haya dormido todo el día. -

Se fue al baño y se duchó con agua tibia. Una ducha larga de más menos 45 minutos, la disfrutó como nunca, recordando la noche anterior y lo que había pasado hacía solo unas pocas horas. Sonreía como un idiota (como uno enamorado) hasta que recordó que el mismo que le había perforado el culo como quiso, se fue sin siquiera darle un beso o despedirse. El enojo lo inavió y se salió de la ducha. - Estúpido Tom. - se puso su pijama y tras secarse el cabello se acomodó para dormir. A pesar de que lo enojaba mucho el hecho de que Tom se fuera así como así, no podía borrarse la sonrisa de estúpido al recordar cuando lo hicieron como antes.


Cuando despertó al otro día, su cuerpo se sentía cansado y tenía una leve molestía en su trasero. Las concecuencias del "amor", pensó riéndose y levantandose de la cama. Estuviera o no cansado tenía que ir a trabajar igual. Cuando estuvo listo bajó y estaba a punto de subirse a su auto cuando apareció el auto de Chris. Un leve tic apareció en su ceja y se puso un tanto nervioso, no se había acordado de él y ahora tenía mucha vergüenza como para mirarlo a los ojos sin sonrojarse.

- Hola, ¿cómo estás? - el castaño se acercó a él y quiso saludarlo con un beso en los labios, pero le puso la cara.

- Estoy bien, sí, ¿y tú? - el otro un tanto extrañado le contestó y lo invitó a su auto, para que se fueran juntos al trabajo. - Oye en serio lamento lo del sábado, pero es que me llamaron a última hora para que fuera. -

- No te preocupes, la pasé bien igual el sábado, no tanto sin tu compañía, pero no me quejo. - ese comentario no lo hizo enojarse, pero si le molestó mucho que lo haya hecho. Y eso de alguna manera le decía que sí había estado con una mujer, que probablemente él conocía. Tenía que sacarse esa duda de la cabeza como fuera posible.

- Ehm, bueno, ¿vamos? Se hace tarde. - se subió al auto y tratando de que no se le notara el enojo miró por la ventanilla todo el camino. Al llegar a la editorial subieron a su piso y se encontraron con Tara, que de nuevo estaba despeinada y ojerosa.

- Parece que estuvo buena la fiesta. - dijo el castaño molestandola, ella lo miró sonriendo y no dijo nada.

- Supongo que esta vez si tragiste café. - dijo el de rastas riéndose. La chica también se rió y entonces su sonrisa se esfumó. Esa era la risa que había escuchado cuando hablaba con Chris en la mañana del día anterior, ¿será que... ? No, imposible, pensó el pelinegro tomando un poco del café que tenía ahora en sus manos. El administrador se despidió y quiso besarlo en los labios, pero él le puso la cara y con una sonrisa desvanesió la cara de sorpresa del otro.

- ¿Cómo estuvo tu fin de semana con tus amigos? - preguntó la pelirroja prendiendo su laptop. Bill se sorprendió un poco pues no le había dicho que había salido siquiera. ¿Por qué todo calzaba con que ella era la que había salido con Chris? Se preguntaba el pelinegro encendiendo su laptop.

- Muy bien, hablamos mucho y yo... la pasé bien. - algo en su interior le decía que tenía que callar lo de Tom, e hizo bien, solo que aún no lo sabía.

- Me alegro. Y, ¿Tu ex estaba ahí? -

- Sí, pero estaba con su novia así que no pasó nada, si es lo que querías saber. - sintió la necesidad y la obligación de mentir, se sintió un poco mal por mentirle y por desconfiar de ella después de tanto tiempo.

- Oh, ¿no hubo nada como lo de la encimera? -

- Jaja, no, no hubo nada de eso. - 'Hubo mucho más', pensó sonriendo internamente. - ¿Y tú? ¿Fuiste a alguna parte el sábado? -

- Por supuesto y la pasé muy bien, jajaja. - esa risa le tenía los nervios de punta y por lo que le decía, si el sábado la había pasado tan bien, el domingo en la mañana aún estaría con la persona con la que la pasó tan bien. Según él todo concordaba: Chris se había ido en la noche a la Casa de Tara, se habían acostado mientras él lo hacía con Tom y a la mañana siguiente lo llamó descaradamente con la chica a un lado.

Para comprobar que eso era verdad él tenía que verlo y descubrirlo con sus propios ojos, ¿pero cómo?

- Tienes que presentarme a esa persona. - dijo mirando fijamente a su amiga y la reacción de ella lo puso más en duda: agudizó sus sentido y se notó la tensión en sus hombros y su cara.

- No, para qué. No es necesario. - a pesar de que todo, según él, le indicaba que ella se acostaba también con Chris, no podía llegar y decírselo, necesitaba pruebas.

- ¿Aún escondes lallave de respuesto abajo de la alfombrita que está afuera de la puerta de tu casa? - preguntó cambiando de tema, la pelirroja lo miró extrañado.

- Sí, ¿por qué? ¿Planeas ir a robarme? - dijo entre risas.

- No, es sólo que hace tiempo que no voy a tu casa y algún dia de estos te iré a dar una sorpresa. - sonrió amigablemente, como acostumbra hacer y eso convenció a la chica.

- Oh, me parece una estupenda idea. - se sonrieron y volvieron a lo suyo, ignorándose por el resto de la hora hasta el almuerzo. Donde el pelinegro no quiso comer con ellos, se fue con Estella, la chica de la portada. Ella siempre comía sola y un poco de su compañía no le haría mal. De vez en cuando hechaba un vistazo a los otros dos y estaban muy felices riéndose y hablando, se enojó mucho. No porque tuviera celos de alguno de los dos, sino que se enojaba porque, según él, le mentían.

No la pasó mal, con Estella (que decía que no le caía muy bien) se rió mucho y hablaron variados temas, ninguno tenía que ver con la empresa, eso le gustó. Con Tara y con Chris de lo único que hablaban era de trabajo. Llegó la hora de volver al trabajo y se iba a devolver con Estella, pero alguien lo tomó fuertemente por un brazo y lo tiró lejos. Antes de que se diera cuenta su bonito rostro había sido cacheteado por la pequeña mano de una mujer.

- ¿Pero qué mier...? - antes de que pudiera siquiera terminar de hablar recibió otra. Cuando se fijó quién era la culpable se sorprendió. Era la barbie rubia, novia de Tom, Ashley. La mujer le iba a dar otra cachetada, pero Estella se lo impidió.

- Cuidado con lo que haces, rubia. - la chica de pelo castaño, con rulos y de alta estatura tenía la mano de la otra chica levantada y la miraba seriamente. La rubia se zafó del agarre y miró al pelinegro, quien buscaba con la mirada a Tara y Chris y los vio. Mirando la escena "alejados". Esa fue la gota que revalsó su vaso, tenía sí o sí que desenmascararlos y mandarlos a la mierda.

- ¿Tú eres tonto? - dijo la rubia apúntando al de rastas con uno de sus dedos. Estella estaba protectoramente adelante de él. - ¿Acaso no entendiste cuando te dije que te alejaras de Tom? -

- ¿De qué estás hablando? - preguntó hipocritamente, no era su cualidad, pero no podía decirle abiertamente que se había acostado con su novio sino la protección de Estella podría irse.

- ¡¿Cómo que de qué hablo?! - alzó la voz y eso llamó la atención de más personas, por lo que más gente se acercaba a ver la escena y Tara con Chris seguían alejados, sin siquiera querer intervenir. - Yo sé que los días que Tom no estuvo en casa estuvo contigo. ¿Con quién más se iría que con la puta que tiene a mano? - la chica de los rulos miró por encima de su hombro a Bill y atrapó la mano de la rubia justo antes de que impactara en la cara del otro. El hecho que lo llamara puta lo enfureció, pero no podía hacer nada, no podía llegar y cachetear a la rubia hinchapelotas, pero Estella si podía.

- Mira que tu noviecito se fuera de la casa no es mi culpa. Admito que lo vi el sábado en la reunión, pero después me fui a mi casa. - la castaña la empujó hacia atrás y la sostuvo nuevamente cuando ella se volvió a abalanzar sobre el chico.

- ¡No te creo! ¡Yo sé que estviste con él! ¡Admítelo, puta! - se llevó las manos a las sienes y suspiró sonoramente. La voz chillona de la rubia lo tenía harto y ni siquiera sabía cómo lo había encontrado ahí. Era imposible que ella supiera. - Puta, ¡me das asco! Pero no te dejaré que te quedes con... - iba a seguir hablando cuando la chica de rulos, bufó cansada y le brindó una cachetada tan grande que la hizo voltear la cara.

- Eso para que te calles, mira que haciendo escándalo por problemas que tienes con tu novio. No sé qué tendrá que ver Bill con esto, pero si dice que no vio a tu novio es porque así lo hizo y me cansó eso de que lo llames puta, ¡ni siquiera es mujer, por dios! Ahora, me harías un gran favor, y estoy segura de que a Bill también, si te vas y dejas de gritar. Arregla tus problemas con el chico que corresponde. - la tranquilidad con la que habló dejó atónitos a los presentes y callada a la rubia. El de rastas agradeció que la chica de las portadas fuera así de directa.

La pelirroja, Tara, que miraba desde lejos la escena sentía en su interior un poco de celos. Según lo que ella pensaba, tendría que haber sido ella la que defendiera al pelinegro.

- Escúchame, Bill... te lo diré la última vez. - Ashley se zafó del agarre de Estella y caminó unos pasos hacia atrás. - Alejate de Tom, ya te dije que es mío ahora. Pero, como veo que no entiendes con esas palabras te lo diré de otra manera. Desde hoy no tendrás ni siquiera una oportunidad, se acabó. Es mejor que lo vayas olvidando, es por tu bien. - le sonrió cinicamente, le lanzó un beso y después se acarició el estómago. Eso dejó helado al pelinegro, que iba a hablar cuando la rubia pequeña se fue del lugar.

- ¿Bill? ¡Hey, ¿estás bien?! - Estella lo movía levemente del brazo para que este reaccionara, pero al parecer no lo haría. Le dio unos leves golpecitos en la cara y fue cuando reaccionó.

- Estella, ¿viste lo que hizo en su vientre? - la mujer asintió y comenzó a caminar con Bill sujetado por las caderas. - ¿Eso significa qué? ¿Que está embarazada? - preguntó sin creercela. La castaña se la pensó antes de contestar.

- Para serte sincera, no creo que esté embarazada. Yo creo que lo hace para alejarte del dicho Tom y para amarrarlo a él. -

- ¿Tú crees? Es que no pudo haber cambiado tanto, un día me saludaba amistosamente y ahora mentirá así, no sé. -

- Bill, creéme. Las rubias harían cualquier cosa con amarrar a sus novios, incluso mentir sobre un embarazo. - analizó mentalmente lo que la mujer decía y mientras pasaba por el lado de Tara y Chris se enfureció más, pero aún así no quiso tomarlos en cuenta. Los ignoró como ellos lo ignoraron a él. Pero dejando un poco de lado tanta amargura...

- ¡Hey, cuidado con lo que dices! Yo solía ser rubio. - le susurró en el oído haciendo que la otra chica se sorprendiera.

- Júralo. - el de rastas se mordió el labio y asintió. Estella sólo se rió y siguieron caminando hasta la editorial.

A pesar de que aparentaba no estar enojado ni preocupado por todo lo que había acontecido, la verdad es que sí lo estaba. Estaba muy enojado y muy preocupado. Cuando estaba llegando a su departamento se sintió más deprimido, se acordó de que Tom lo había dejado durmiendo solo y eso lo enfurecía más. Cuando entró en su departamento tiró su bolso y las llaves a un lado y se recostó en el sofá, sería lindo recordar viejos momentos...

Flashback

Estaba nervioso, en tan solo 5 minutos más Tom llegaría a buscarlo a lo que sería su cuarta cita desde la fiesta que el de rastas había dado. Resumiendo todo un poco, en la primera cita habían pasado de beso en la mejilla a uno en la comisura de los labios. En la segunda cita, fue un topón de sus labios ya que el pelinegro al darle el "beso" se entró más que rápido a su casa. En la tercera cita sus labios estuvieron pegados más tiempo, aún así no era como para llamarlo "beso". A pesar de que estaba un poco asustado de que el otro se aburriera y se buscara a alguien más fácil, en el sentido de los besos y todo. No quería apurar las cosas, no quería hecharlo a perder. Además si el otro había aguantado hasta la cuarta cita, era por algo.

Estaba en la sala con su madre cuando el timbre sonó. Ella le sonrió cómplice y se puso de pie para ir a abrir. Cuando vio a Tom, nervioso a más no poder la mujer sonrió internamente y tal como lo había hecho las veces anteriores lo miró con una mirada que a cualquiera intimidaba y con el tono autoritario articuló unas palabras. - ¿Necesitas algo? - el de rastas se sabía eso, pero aún así hacían mucho efecto esas palabras.

- Bueno, sí, yo... - y se quedó callado, la presencia de Bill al lado de su madre fue más que suficiente para él. Estaba completamente pillado, pero todavía quería esperar un poco. Y acompañando la "rutina" de la mujer con el de rastas entraba la típica frase del pelinegro.

- ¡Mamá, no lo asustes! - era el mismo diálogo que cuando el de rastas lo fue a buscar para la fiesta. El de rastas estaba baboso y sólo podía mirar al pelinegro, sin decir nada, mientras que este lo miraba esperando a que actuara. - ¿Tom? - el dulce tono con el que lo llamó fue suficiente para sacarlo de su trance.

- Oh, sí. ¿Vamos? ¿Estás listo? - el pelinegro asintió y miró a su madre, que seguía con la mirada intimidadora, sólo que ahora intimidaba a su hijo.

- Cuídate, ¿eh? Sin hacer estúpideces y... Tom. - la mujer lo miró y el aludido casi se moja los pantalones, por así decirlo.

- D-dígame. -

- Lo quiero intacto. - el pelinegro se sonrojó un poco al igual que Tom, quien asentía frenéticamente. Después de despedirse de la mujer se fueron a la camioneta de Tom, en donde este le abrió la puerta al otro para que subiera. Se sentía tan raro haciendo eso, tan caballero, como nunca. Y Bill también se sentía raro por eso, nunca se habían tomado tantas precauciones con él. Eso lo tenía encantado y le daba muchos puntos al de rastas.

Ese día fueron a un restaurant no muy conocido en esos tiempos, su nombre: Kalispera. Sólo unos pocos conocían de su existencia, aún era muy nuevo, pero era bonito y tenía vistas privilegiadas. El de rastas quiso llevarlo ahí porque según lo que su padre le contó, él había conquistado a su madre llevandola a un restaurant pintoresco y bonito. Se sentaron en una mesa que tenía una hermosa vista. Al principio ambos estaban muy nerviosos, pero cuando pidieron la comida empezaron a hablar fluidamente.



- No puede ser, ¿te gusta Bob Esponja? - preguntó el pelinegro tomando un poco de su jugo natural, tratando de que no se le escapara por la nariz al reírse. - No puedo creerlo, de mirarte así no es como si te gustara. -

- Sí, claro que me gusta, algo tiene esa cosa amarilla. También me gusta Pokemón, mi sueño era ser como Ash Ketchup.* - lo que ocurrió a continuación fue muy rápido. La risa invadió al pelinegro haciendo que el líquido se fuera por un lugar que no era el correcto, haciendo que se le atorara el aire en la garganta. Empezó a toser como loco y si no es por los leves golpecitos que le daba Tom en la espalda se muere ahogado.

- Yo quería ser como Brooke**, jajaja. - al reírse miró a Tom, que se había sentado a su lado para golpearle la espalda (antes estaba sentado al frente), y entonces sus rostros quedaron muy pegados. La risa de ambos se esfumó y se pusieron serios, mirando alternativamente los ojos y labios contrarios. Entonces fue cuando Tom anuló un poco la cercanía y sus respiraciones se rozaban en el aire. El de rastas sólo avanzó el 90%, dejandole el 10% restante al pelinegro, quien captó el mensaje y junto sus labios con los del de rastas.

Fue un toque mágico para los dos, se acomodaron un poco en sus asientos y continuaron con el beso, que en ningún momento pasó a ser "obseno" a la vista de los demás que estaban en el lugar. Cuando se separaron un pequeño hilillo de saliva los seguía uniendo, entonces el de rastas con uno de sus dedos limpió los labios del otro. Y dejando otro beso corto en sus labios volvió a su puesto, frente al pelinegro.

Al terminar de cenar, se fueron a un parque. Caminaron abrazados unos minutos bajo la luz de la luna y luego se sentaron en uno de los bancos más iluminados, claro por la luz de la hermosa luna llena. La mejor luna de todas.

- ¿Tienes frío? - preguntó el de rastas quitándose su chaqueta. A pesar de que Bill andaba con un polerón y su propia chaqueta, el frío era devastador y le ganaba. Asintió y segundos después la chaqueta del de rastas estaba encima de sus hombros.

- Gracias. - le dijo mirandolo justo a los ojos. Se acercó un poco a él y le dejó un casto, pero bonito beso en los labios. El rubio agradeció el gesto y le acarició un hombro, tenía su brazo en los hombros del otro.

- ¿Te gustó el lugar? - preguntó para tener algo de conversación.

- Me encantó, era muy bonito, en serio muy lindo. Pero... -

- ¿Pero? - esa pequeña palabra no le había gustado para nada, lo tenía en la cuerda floja. Lo había arruinado y ahora sería su fin.

- Pero me gustó más la compañía. - dijo sonriendo timidamente, pegandole la sonrisa al otro. Eso bastó para que el de rastas lo tomara con la mano, que no tenía en sus hombros, del rostro y juntara sus labios en un beso que esta vez se subió un poco de tono.

Al rato después lo fue a dejar a su casa y como era de costumbre, se despidieron en la puerta. El pelinegro se abrazó al cuello del otro y le plantó un beso, beso en los labios. De los besos "reales", con lengua incluida. Y eso dejó más baboso, más pillado, más... enamorado al otro. Quien se fue como un drogado hasta su casa.

Fin Flashback


- Eso no era rancio, ¿por qué no se quedó así? - se preguntó Bill mientras se iba a su dormitorio a dormir. Tenía un lío en la cabeza: embarazo posiblemente falso, ex-novio no tan ex, una amiga traidora, una nueva conquista que solo quería jugar con él, ¿qué más le podía salir mal?


TE QUIERO DE VUELTA by Mila Near cap 10

(COMENTARIOS PARA LA ESCRITORA, GRAXI )

Cuando despertó no abrió los ojos sino que se movió un poco, pero al casi caerse de la superficie en la que estaba abrió los ojos inmediatamente, encontrandose con una agradable sorpresa. Se sentó rápidamente y se llevó una mano a la boca conteniendo un grito. El nerviosismo se empezaba a apoderar de su ser y sin saber qué hacer decidió despertarlo.

- Tom... Tom. - carraspeó un poco mientras lo movía lentamente para que despertara. Pero no despertaba, solo se movía y balbuceaba cosas dormido. - ¡Tom, despierta! - ese grito bastó para que el aludido despertara y al encontrarse desnudo, con Bill, en su auto y todos mareados abrió los ojos y la boca, pero no dijo nada. Buscó entre el desorden de ropa sus bóxers y se los puso, después buscó los de Bill y se los pasó.

- La cabeza me duele más que la mierda. - dijo dandole la espalda al de rastas, quien estaba incómodo colocandose la ropa interior.

- A mí también y me duele mucho la garganta. - se llevó una mano a la zona afectada, pero a los segundos se arrepintió de haberlo mencionado, porque a su mente se vino la razón causante de su dolor: mucho grito durante el sexo. - Tom... - lo llamó y se quedó en el lugar que estaba, el otro se giró para mirarlo y cuando lo hizo, no pudo aguantarse y se lanzó a sus brazos para besaro. - Gracias. -

- ¿Gracias de qué? - preguntó extrañado mientras correspondía el beso y lo tomaba de las caderas para acercarlo más a su cuerpo.

- No sé, ¿por todo? Me gustó lo de anoche, aunque no recuerde mucho, jaja. - ambos se rieron de eso y luego siguieron con el beso. Se quedaron al rededor de 30 minutos en el auto, solo besandose y acariciandose, después se vistieron y se bajaron. Volvieron a la casa de Georg, tenían que tomar desayuno después de una noche tan agitada como la que habían tenido. Llegaron a la puerta, tocaron el timbre y se abrazaron para volver a besarse, el que abrió se encontró con la escenita del año.

- Qué lindo, me recuerda los viejos tiempos. - dijo el rubio con una cara de zombie que no se la quitaba nadie. Los tortolos se separaron y miraron a su amigo para reirse, en realidad se veía muy divertido. Se tomaron de las manos y entraron a la casa, como si hubieran sido novios de toda la vida. Leah, quien venía bajando las escaleras seguida por Georg, quedó más que sosprendida por la imágen de sus dos pelinegros amigos tomados de las manos y muy abrazados.

- ¿Se olvidaron que ya pasaron 7 años que están tan pegados? - dijo arreglándose un poco la polera.

- Deja de molestar y disfrutemos de la mañana. - dijo el de trenzas pegando su frente a la de Bill y sonriendo. Este último le dio un pequeño beso y miró a su amiga.

- ¿Y tú dónde dormiste? - preguntó a coro con el rubio, se miraron y se rieron, después volvieron la mirada a la chica.

- Dormí... arriba. - la chica se puso nerviosa y miró sus zapatillas.

- Arriba... ¿con quién? - preguntó el de trenzas solo para ponerla nerviosa y molestando a su castaño amigo.

- Eres un maldito, Tom. Sábelo. - el aludido se carcajeo mientras abrazaba a Bill y se iban a sentar a los sofás.

- Leah, hablemos. - dijo Gustav caminando al lado de su hermana y llevándosela a la cocina. - ¿Dormiste con Georg? - la chica apretó los labios y juntó sus manos, miró el suelo y después a los ojos de su hermano. Lentamente asintió y el rubio quedó boquiabierto y sus ojos casi se le salían de las órbitas. - Júralo. -

- Gustirito, no me hagas mas preguntas ¿quieres? Mira que bastante voy a tener con todos mirandome. -

- Mira, lo dejaré pasar solo por hoy, ya lo hablaremos en casa. - la chica asintió y abrazó a su hermano, después fueron al living, en donde estaban todos sus amigos.

- ¿Alguien más aparde de mi tiene hambre? - dijo el de rastas acariciando el estómago de Tom por encima de la polera.

- Yo tengo hambre, pero te comería a ti. - le dijo el de trenzas al oído y el menor no pudo contener la risa estúpida.

- ¿Qué les parece si vamos a comer a algún restaurant por ahí? - propuso el rubio y los otros estuvieron de acuerdo. Él se fue en su auto, solo, ya que su hermana se fue con el castaño y los pelinegros se fueron en el auto del mayor. Iban camino al restaurant cuando el celular del de trenzas sonó, miró la pantalla y tras poner una mueca cortó la llamada.

- ¿Era ella? - preguntó Bill tomandole la mano que tenía en la parte de los cambios.

- Sí, pero no quiero que me arruine el día. Por lo menos no ahora, en cambio contigo la pasaré bien un poco. - quiso darle un beso al otro, pero este se lo impidió poniendole una mano en la boca.

- ¿Un poco? -

- Me corrijo, la pasaré bien contigo mucho, demasiado. - se sonrieron y esta vez el de rastas se dejó besar.

- Ahora mira al frente que no quiero morir aún. - después de un par de minutos llegaron al restaurant al que habían acordado ir. Llegaron unos minutos más tarde que los demás y ellos enseguida se miraron cómplices.

Desayunaron tranquilamente, bromeando y hablando de la pareja de pelinegros, que aunque no eran novios oficiales, lo aparentaban muy bien. Estaban en pleno desayuno y el celular del de rastas comenzó a sonar. Se puso de pie y se alejó de la mesa en la que estaban sentados para hablar tranquilamente, era Chris.

- Hola, ¿cómo estás? - preguntó el castaño con un tono de voz que hacía notar que estaba cansado.

- Bien, bien gracias. -

- Hey, te llamo porque quería invitarte a cenar hoy. - iba a contestar, pero en el momento que abrió la boca escuchó una risa femenina al otro lado de la línea. Frunció el ceño y apretó los labios, no sabía si esa risa había sido porque el castaño estaba con una mujer o porque justo se había paseado por donde una mujer se reía. La duda se le propagó por el cuerpo más rápido de lo que uno se tomaba un corto de vodka.

- No, no puedo. La reunión con mis amigos se alargó para hoy. Lo siento, am... debo volver con mis amigos, nos vemos mañana. - cortó la llamada y volvió a donde sus amigos sin la sonrisa que había tenido todo el tiempo, eso le pareció raro a todos.

- ¿Qué pasó, naranjita? - preguntó la chica mirando con ojos tristes a Bill, él negó con la cabeza.

- No nada, es que me dijeron que mañana me pasarían de nuevo el libro que odio. - mintió y volvió a sonreir, para hacer más creíble su sonrisa besó al de trenzas y tomó un poco de su café. La risa en el fondo de la llamada lo había dejado en duda de si Chris estaba o no interesado en él. Le importaba porque le tenía cariño al castaño ese. Y analizando la risa, llegó a la conclusión de que ya la había escuchado antes, lo que lo dejó con más duda en su sistema.



- Ya es hora de irnos, tengo que cambiarme esta ropa. Está sucia. - Tom miró a Bill y este se sonrojó levemente. Definitivamente planea ponerme en ridículo, pensó mientras le daba un beso en la mejilla, sí, la mejilla.

- Estoy de acuerdo, vamonos. - el castaño de ojos verdes pidió la cuenta y, entre todos menos la chica, pagaron.

- Malditos machistas. - dijo ella cruzandose de brazos, los otros le revolvieron el pelo y no tomaron en cuenta su comentario. Después de eso Georg se despidió de sus amigos y le recordó a Leah la citación que tenían para esa noche a cenar, ella un tanto sonrojada le dijo que sin falta irían. Se despidieron de un beso muy casto y él se fue. Cuando ella se girólos otros 3 desviaron la mirada y se hicieron los tontos, haciendola sentir mucho más incómoda.

Los hermanos se despidieron de los pelinegros y se fueron a su casa en el auto del rubio. Cuando Bill y Tom quedaron solos, se quedaron frente al auto más minutos para besarse y abrazarse. También hablaron cosas del pasado, como cuando Tom se atrevió a hablarle a Bill.


Flashback

El pelinegro estaba con sus amigos sentados en el pasto, hablando animadamente con ellos, también poniendose de acuerdo en cuando harían una fiesta para pasar el rato y volver a tomarse un trago entre ellos. Bill iba a prestar su casa cuando vio a un rubio acercandose a su grupo, más trás vio al que era su vecino, Tom. Él estaba cruzado de brazos mirando el cielo, con los labios apretados, el pelinegro amó ese gesto. Iba a hacer una observación mental, pero el rubio ya estaba frente a él.

- Disculpa... ¿puedes venir conmigo? Alguien quiere hablarte. - Bill miró al rubio y se mordió el labio mirando en dirección a su vecino. Sus amigos lo empujaron tan fuerte que casi se va de boca al suelo.

- ¡Hey, tengan cuidado! - se quejó alcanzando a poner sus manos frente a su cara para que esta no se azotara contra el suelo. - Disculpalos, son unos salvajes. - dijo dirigiendose al rubio, quien estaba nervioso por la mirada de las 2 chicas, que estaban, ahí sobre él.

- ¿Vendrás? - dijo el chico más que cohibido, el pelinegro asintió y bajo las burlas de sus amigos se puso de pie.

- No hablen de mí a mis espaldas. - los otros imitaron miserablemente a su amigo y este riendo siguió al rubio, que caminaba en dirección a Tom.

- He cumplido, esto me libera de toda culpa. - dijo el chico de lentes.

- Veré si te libero, ahora... por favor. - el rubio se fue rápidamente y los dos quedaron solos. - ¿Cómo estás, Bill? - el rubio de rastas, se rascó la nuca y miró sus zapatillas. Eso al pelinegro le pareció adorable.

- Yo muy bien... gracias. ¿Y tú? - Tom contestó y después de eso la conversación no tenía mucha fluidez, el de rubias rastas estaba muy nervioso y empezaba a contagiar al otro.

Caminaron a uno de los bancos que estaban en la zona y se sentaron ahí, hablaron de sus gustos: músicales, gastronómicos y cualquier cosa que se les ocurriera para que la conversación no muriera. Después de pasar tiempo hablando el de rastas se decidió a hablar de lo que tenía pensado en primera instancia.

- Bill, sabes, yo... haré una fiesta hoy en mi casa, mis padres saldrán de la ciudad un par de días y bueno, hay que aprovechar. Me gustaría invitarte, el único requisito es ir con una pareja... y bueno, me gustaría que tu... - el corazón de ambos latía a mil por hora y no podían dejar quietas las manos. Además, mientras el pelinegro apretaba los labios, el de rastas se rascaba la nuca. - Me gustaría que fueras tú quien me acompañara. - dijo cuando se armó de valor. Bill sonrió y eso dejó baboso al otro.

- Me encantaría. - sonrió más ampliamente.

- ¿Enserio? - preguntó el de rastas estúpidamente, el otro asintió. - Genial. -

- Bien... tengo que ir a clase. Nos vemos, esta noche. - el pelinegro se puso de pie y antes de irse, le dio un beso en la mejilla.

- Nos vemos. - después de eso Tom se fue a su clase.

El día pasó rápidamente y a la hora de salida, cuando el de rubias rastas se iba a su casa, en el camino vio al pelinegro caminando. Se hizo el caballero y lo llevó a su casa.


El pelinegro al llegar a su casa corrió a donde se encontraba su madre y le contó lo nervioso que estaba al haber sido invitado a la fiesta. La mujer al principio no creyó que fuera una buena idea, pero al enterarse de que sería al lado de la casa aceptó. Entonces dejó que su hijo se arreglara tranquilamente. El chico, por lo nervioso que estaba, tardó más que nunca en arreglarse, quería estar lindo para la fiesta... no, eso no se lo creía. Quería estar lindo para el dueño de la fiesta, oh si.

Cuando estuvo listo ya era la hora de la fiesta, estaba listo para irse y el timbre de la casa sonó. Simone fue a abrir y se encontró con un lindo chico, nervioso, de agradable aspecto que jugaba con sus dedos. - ¿Necesitas algo? - preguntó solo para molestar, pues sabía de sobra cuál era el propósito de ese niño, no tan niño.

- Bueno, sí, yo... -

- ¡Mamá, no lo asustes! - el pelinegro apareció en la puerta y le sonrió a Tom, quien agradeció mentalmente estar capacitado para aguantarse las ganas de babear.

- Vine a bucarla, digo, a él. - madre e hijo se rieron y luego se despidieron. Después los dos jóvenes fueron a la fiesta y empezaron a pasarla bien.

Esa noche la pasaron de lo más bien, pero no hubo besos, el pelinegro se resistió, se hizo el díficil. Eso sí, bailaron muy pegados y abrazados. No faltó el beso loco que Tom le brindaba en el cuello y que el otro disfrutaba. Cuando la fiesta terminó el de rastas se las volvió a dar de caballero y fue a dejar a Bill a su casa. Al despedirse tampoco hubo beso, el pelinegro lo besó en la mejilla y se entró a su casa, pero ese beso dejó consecuencias que ambos sintieron más adelante.


Fin flashback

- Me acuerdo que en esa fiesta no quisiste mirarme a los ojos más de 7 segundos. - dijo el de trenzas apretando el agarre de sus manos en la cintura del otro. Aún estaban apoyados en el capó del auto del mayor.

- Porque sabía que si te miraba iba a querer besarte, como ahora. - y dicho eso le plantó un beso en los labios.

- Pero no fue justo, me hiciste esperar demasiado para poder, siquiera, tocarte los labios con los míos. -

- Sé muy bien cómo hacerme el díficil. Deberías saberlo. - se sonrieron y no hicieron nada, solo se miraron.

- Vamonos, es hora de hacer algo productivo. -

- ¿Cómo qué? -

- No sé... ver televisión con una persona, que está casi echada encima de mi cuerpo, abrazar a esa persona, besarla y si es posible... hacerle el amor de nuevo. - lo último se lo susurro en el oído y el de rastas sonrió internamente y se sonrojo un poco.

- ¿Enserio? Yo tengo mejores cosas que hacer. - Tom alzó ambas cejas mientras asentía, empezaban los juegos.

- Cosas como cuáles, podría ayudarte. -

- No, no necesito ayuda. Aunque si quieres raptarme y violarme no me quejaré. Aunque en ese caso no sería ni secuestro ni violación. Y te confieso que en realidad no tengo nada que hacer. - el mayor se rió de la "tontería" que el otro dijo y lo empujó levemente para él subirse al auto.

- Hey, ¿te llevo? - dijo el de trenzas ya arriba del auto. A pesar de que Bill quería morirse de la risa, le siguió el juego.

- No gracias, estoy esperando a... - no sabía cómo terminar la frase. Si decía "mi novio" el otro podría captar mal el mensaje y terminar con su novia, aunque eso no tendría nada de malo. - Un amigo muy especial, demasiado, diría yo. - empezó a caminar lentamente mientras que Tom lo seguía en el auto.

- ¿Tu novio? - el de rastas sonrió de medio lado.

- Hmm, no, no tengo novio. Soy libre. -

- Mira tú, y si eres libre ¿por qué no vienes a dar un paseo conmigo? Prometo no hacerte nada que no quieras. -

- Es que si me voy contigo, un extraño, dejaría plantado a mi amigo. - se detuvo y se giró para mirar al otro arriba del auto.

- Estoy seguro de que lo entenderá. - se mordió el labio y caminó hasta el auto. Se agachó un poco y se apoyó en la ventana del piloto, haciendo que sus rostros quedaran muy cerca.

- Muy bien, llévame. - le dio un lametón en los labios y después se fue a subir al asiento de copiloto.


Mientras iban en camino al departamento de Bill, el celular de Tom sonó. Pero al mirar la pantalla bufó y cortó. - Deberías contestarle, decirle que no vas a llegar en unas horas. - se miraron y se mordieron el labio inferior. El de trenzas sabía perfectamente a qué se refería el otro.

- Si no le contesto debe imaginarse que no llegaré. - después de eso no dijeron más.

Al llegar al edificio se bajaron y cuando Tom le puso alarma a su auto, el de rastas salió corriendo gritándole que lo alcanzara. Sonrió y empezó a correr atrás de él, al ser mpas rápido lo alcanzó enseguida. Lo volteó y le plantó un beso en los labios, el de rastas para corresponder al beso, se abrazó al cuello del otro.

- Extraño... hay que subir. El portero ya nos vio. - dijo Bill caminando hacia atrás con Tom pegado a él.

- No sé... ¿y si tienes algún plan macabro entre manos? -

- No lo creo, además... eresun extraño, ¿cómo sé yo que no me violarás? -

- Jajaja, eso no lo sabes. - volvieron a juntar sus labios y se subieron al ascensor. No hicieron más que besarse en el ascensor, porque este tenía cámaras de seguridad grabándolo todo.

Cuando se bajaron del ascensor caminaron sin soltarse hasta la puerta del departamento de Bill. - Así que aquí vives. - dijo el de trenzas mirando el número en la puerta.

- Síp, aquí vivo. Ahora que lo sabes espero que no vengas a psicopatearme todos los días o en la noche. -

- Ah, no sé yo. No fui yo el confiado que le muestra en dónde vive a un desconocido que puede venir a violarlo cuando quiera. -

- ¿Y cada cuánto vendría este extraño a partirme mi culito? - ambos se rieron de eso y el de trenzas acorraló a Bill contra la puerta.

- Eso solo depende de ti. - lo besó y le tomó una pierna para que la pusiera al rededor de su cadera. Entonces el de rastas acabó el beso para poder reírse. - ¿Qué es lo gracioso? -

- ¿Lo vamos a haceer aquí en el pasillo o vamos a entrar a mi casa, extraño? - movió la parte de sus caderas haciendo que su miembro con el de Tom se tocaran por encima de sus pantalones.

- Hmm, admito que la idea de hacerlo aquí me gusta. -

- ¡Tom! No puedes hablar enserio. -

- ¿Cómo sabes tú mi nombre? -

- Tengo poderes psíquicos, jajaja. - hizo lo mismo con sus caderas y lo besó. - Y así mismo como sé tu nombre, sé que quieres que saque las llaves de mi bolsillo, abra la puerta, te lleve a mi pieza y te vuelva a montar, ¿no es así? - Tom sonrió y volvió a juntar sus labios.

- Vaya, eres realmente bueno. - el de rastas se soltó de Tom y sacó sus llave, le dio la espalda a Tom y abrió. A penas cerró la puerta acorraló a Tom ahí y le empezó a besar el cuello.

Después con la ayuda de Tom se subió alos brazos de Tom, con sus piernas afirmadas en las caderas del otro y caminaron a la habitación. Al llegar ahí se desvistieron rápidamente y tras tocarse y besarse varios minutos, volvieron a hacer el amor. Lo hicieron un sin número de veces, incluso ya no pudiendo más lo hacían. Como Bill había dicho, lo montó, luego Tom cambió de posiciones dejandolo a él abajo, después volvieron a cambiar y el de trenzas lo puso en cuatro. Después de repetir un par de posiciones, se acomodaron en la cama, se abrazaron y se durmieron juntos.

 
Home | About Us | Contact Us

Copyright © 2009 TwcKaulitz-21 |Designed by Templatemo |Converted to blogger by BloggerThemes.Net

.