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MININO by Pink Girl CAP 22

"INSTINTO"

Tener un cuerpo tan grande a su lado solo le producía vergüenza. Aún no se sentía mayor.


—Jared… —otra vez mencionaba su nombre como para que el otro se alejara un poco de él.


—Bill, ya deja de ser infantil, somos chicos, y qué si estás desnudo —Bill le encaró poniéndose de costado, mirando aquellos ojos celestes luminosos de Jared.


—Habla de una vez y luego vete.


—De acuerdo —se acomodó y luego le sonrió—. Hay alguien que quiere conocerte… el dueño, me pidió que te diera un mensaje personal —Bill se le quedó mirando con extrañeza.


—Qué mensaje, habla —Jared tomó su rostro y Bill se removió en la cama de tal manera que Jared fue sobre él—. Déjame —susurró siendo aplastado por el otro. Abrió la boca para gritar, pero luego Jared penetró su mente causando en Bill extrañeza y se paralizó ahí recostado.


La imagen de un hombre alto y con traje le llamó la atención.


Hola Bill —le saludó aquel hombre—. Te he estado esperando desde que decidí que nacieras, y ahora me entero que andas saliendo con Tom, que por cierto tiene más mujeres que otra cosa —rió un poco y luego volvió a enfocar su vista en él—. Por medio de Jared te digo que quiero que nos des la oportunidad de conocerte más, esta es tu comunidad, soy parte de tu vida… Soy tu creador.


—¡Déjame! —gritó Bill removiéndose, no quería seguir viendo ese mensaje. No quería más confusiones.


Jared lo dejó y Bill se removió en la cama intentando salir de ahí, lo cual no pudo pues Jared tomó su brazo y se le impuso encima otra vez.


—Tranquilo… somos de los tuyos, no tienes que temer.


—Solo quiero que me dejen vivir mi vida en paz, con las personas que yo quiero tener al lado —Jared suspiró algo molesto.


Se puso a pensar en segundos cómo Bill podía preferir a otros que no eran como él, cómo podía considerarse parte de seres que no supieran quien era él realmente.


—De acuerdo, por hoy me voy, pero no podrás escapar de nosotros, eres de los nuestros Bill, sabes que Tom no te querrá cuando tengas cuarenta años y él seguirá siendo un joven…


—Él me querrá…


Para Jared eso era extraño. Entonces en su mente vino una revelación que Mike le había dicho una vez.


—Te diré un secreto —se le acercó un poco y al oído le susurró—: tengo casi siete años… lamentablemente parece que los de nuestro sexo nacemos con ese… digámosle problema —Ante eso el menor abrió la boca algo sorprendido, sus orejas fueron hacia atrás y sus manos se aferraron al pecho del otro tratando de mantener distancia entre ambos cuerpos.


—¿Y Misha?


—Ella tiene más de veinte… Y lo aparenta —Bill se quedó anonadado ante ello— Creo saber como revertir esto, encontré una salida y funciona —Bill pestañeó seguido, estaba algo confundido.


—Dime, dime la fórmula —Jared rió cerca de sus labios.


—Deberás acostarte conmigo —Bill dio un sobre salto y se alejó un poco de él, sentándose en la cama, le había molestado aquella propuesta.


—¡Estás loco! ¡No lo haría!


—No te obligo… Pero entiendo perfectamente lo que es sentir que creces diferente a los demás… Y luego ver como intentan seguir tratándote como niño, sientes que ya no lo eres… Pierdes amigos, pierdes amores…


—¡Basta! —se quedó pensando y Jared se levantó de la cama, le revoloteó la cabeza causando que Bill comenzara a ronronear, a él le gustaban las caricias y Jared sabía eso perfectamente. Pero se separó de él para caminar hacia la ventana.


—Jared… —habló tímido— No quisiera perder a Tom… Le amo y solo con él quiero acostarme…


—Lo sé, eso es más obvio.


—Pero… —Las orejas de Jared se movieron hacia esa dirección, pero Bill tardó en hablar, no quería traicionar a Tom. Y luego frunció el ceño— ¿Cómo creerte? Qué pasaría si yo… eso, ya sabes, contigo, y luego no pasa nada.


—Soy como tú, qué sentido tendría mentirte… Misha y yo lo hemos hecho y pues… he dejado de crecer, es algo hormonal.


—¿No hay otra forma? —Jared negó con la cabeza— Tengo miedo… —le confesó y Jared regresó a su lado, le puso una mano en su hombro.


—Tanto como yo a tu edad… Piénsalo, y luego, si tú quieres, te espero mañana en el bosque…


—No… no iré.


—Está bien, igual estaré ahí —fue hacia la ventana y la abrió saltando al vacío.


Ahora Bill se sentía confundido… ¿Valdría la pena? Que tal era una mentira. Pero algo en su corazón le hacía creerle a Jared, será que él era de su especie… Distinto a Misha, más parecido a él.


***


Tom recibía una llamada telefónica de su mamá, él estaba sospechando las razones.


—¡Cómo es eso que estás con un hombre! —fue lo que le gritó. Tom rodó los ojos y suspiró algo fastidiado.


—Mamá…


Tu novia me ha llamado, Tom, cómo pudiste, ¿acaso eres gay? —Tom no se sentía gay, quizá bisexual, aunque no le interesaban las mujeres en ese momento.


—Heidi no es mi novia hace tanto, y pues… no contestaré esa pregunta, tengo veintiún años mamá —ella gritó fastidiada.


—¡Voy a ir allá! —Tom cerró sus ojos, él no quería ver a sus padres, ya una vez le habían recriminado la muerte de su hermano, él sentía que siempre sus padres buscaban la manera de hacerle sentir culpable.


Así empezó ese día. Se alistaba para ir al trabajo, puso en un plato comida para Casimir notándolo algo erizado.


—Casimir, ¿qué pasa? Extrañas al pequeño Bill… También yo, no sabes cuánto —el gato maullaba con la vista dilatada, mirando hacia la ventana por donde entraban los rayos solares de la mañana— No, no saldrás que luego llegas con pulgas —pero un gruñido de su parte le intrigó.


Enfocó su mirada en la ventana y se le acercó con cautela, sus cortinas cremas se balanceaban… la ventana estaba abierta, y él no lo había abierto. Frunció el ceño y se asustó un poco.


—¡Ya sé que has entrado! ¡Aparece! —dijo a la nada, poniéndose alerta, sus oídos trataban de escuchar algún movimiento, y como no captaban nada miró a Casimir sobre el suelo, como sus orejas se movían en dirección de su recámara. Tom frunció el entrecejo. Caminó hacia ahí entrando a su habitación con Casimir siguiéndole por sus piernas, el animalito se erizó pareciendo una bola de pelos en cuanto vio a Misha sentada en su cama. Verla de día era muy diferente que de noche, él se alteró un poco pues su corazón empezó a latir como la otra vez… Detestaba en sobremanera no poder tener el control sobre su propio cuerpo—. Qué quieres, tienes cinco minutos, tengo mucho trabajo y te había dicho que no quería verte —ella rió suspirando y se levantó—. Alto, mantén tu distancia, no te me acerques —ella tenía un látigo pequeño en una de sus manos el cual hizo sonar en el sueño, el pequeño Casimir caminaba de puntitas gruñendo y ante la fija mirada de Misha sobre él, éste corrió tan rápido y salió de la habitación— ¡Ey! ¡Qué le hiciste a mi gato!


—Shhh… Hablas mucho Tom. ¿Me extrañaste?


—No estoy para juegos, Misha, qué quieres.


—Hoy no quiero nada, hoy vine solo para advertirte una cosa, por tu bien, porque me caes bien y he visto que amas a Bill, ahora lo creo, te creo —Tom se cruzó de brazos y se apoyó en la pared, algo le decía que ella mentiría.


—Sabes, dijiste que se moriría si lo penetraba, pues fíjate que no…


—No le hiciste el amor —Tom frunció el ceño, ¿acaso ella le espiaba?— le metiste tus deditos eh… —ella alzó una mano y le mostró dos dedos, moviéndolos en el aire. Tom se ruborizó un poco y decidió dar por finalizado el tema.


—Anda, dime a qué viniste —ella le miró y rió un poco.


—Pues, te advierto por tu bien que si no te alejas de él algo muy malo puede pasarte… Lo controlamos todo.


—¿Por qué nos hacen esto? ¿Qué de malo hacemos? ¿Alguna vez has amado? —ella bajó las orejas y su cola comenzó a moverse de un lado al otro, claro que había amado.


—No es de tu incumbencia tampoco saber por qué hacemos o no algo, simplemente estoy advirtiéndote porque me pareces un buen tipo.


—¿Pues qué harías tú? —ella le miró algo extrañada— Qué harías si alguien viene y te dijera que te separaras de alguien a quien amas y ni argumentos te da… ¿Le harías caso? —ella sabía que no, que lucharía por mantener su relación, esquivó la mirada.


—Me alejaría, para que el otro gato no sufriera, por su bien.


—¡Mentira! Arriesgarías todo, lucharías porque lo amas… ¡Darías tu vida si es posible! Así que no pierdas tu tiempo conmigo, anda dile a ese tan dueño que dé la cara, ¡que se atreva a decirme por qué no soy digno para Bill! —ella hizo sonar su látigo mirándole molesta.


—No sabes lo que dices… eres insolente y poco inteligente, que decepción… Piensa con tu cabeza y no con el corazón, por tu bien.


Diciendo eso se dio media vuelta y salió de ahí por su ventana.


Tom corrió hacia la sala donde había dejado su celular y marcó el número de Bill, éste no le contestaba, de seguro estaba ocupado.


***


Estaba en su habitación algo fastidiado y luego bajó a hablar con su mamá… Necesitaba algún consejo.


—Mami…


—Sí cariño —se sentó en la mesa, ella leía una revista.


—Pues… he estado pensando, y si habría una solución para dejar de crecer, pero sería una solución mala, ¿crees que valdría la pena arriesgarse? —A Simone le sonó como un trabalenguas.


—¿Cómo? —bajó su revista y le encaró, Bill lucía medio avergonzado— ¿pasa algo? —Bill esquivó su mirada.


—Pues… si habría solución para esto de crecer cada tres meses… pero la solución sería mala… —ella suspiró.


—Si habría algo así, humm… Depende de lo que sería, si es atentar contra otros para lograrlo, eso sería egoísta, ¿no crees? —él asintió.


—¿Si sería atentar contra mí mismo?


—Eso sería un sacrificio… Pero, ¿por qué la pregunta? —Bill se puso nervioso y se paró.


—Solo curiosidad, nada más… —ella notaba algo raro en él, pero últimamente era así, Bill estaba creciendo y tenía sus secretos, sabía que era parte de su edad— Mamá, creo que iré al bosque esta tarde… —se ruborizó— Y pues, regresaré un poco tarde.


—¿A qué vas?


—A… —tragó saliva, sus orejas decayeron— a jugar con los animales… con los mapaches…


—Está bien… si algo pasa, sabes que soy tu mamá y quiero tu bien —él asintió desapareciendo de ahí rumbo a su habitación.


Se sentó en su cama con el corazón latiéndole a mil y luego vio en su cama su teléfono, comenzó a vibrar y en la pantalla estaba el nombre de la persona que aceleraba su corazón. Pero no se sintió capaz de contestarle, no después de lo que estaba planeando hacer.


***


—Jared, estás loco, loco de remate… —le decía Misha con los ojos abiertos del susto.


Estaban en el bosque, en un lugar donde pocas personas entraban, ellos solían encontrarse ahí, en Teltow.


—No te metas Misha, esto no es tu asunto —decía él mientras quitaba la maleza del suelo rocoso, ahí intentaba armar una tienda ante la atónita de Misha.


—El dueño te matará si lo tocas, lo sabes… además no es seguro lo que te ha dicho él. Y dudo que Bill quiera.


—Tenemos un fin en común, él va a querer, ahora tú, si te atreves a decir algo, juro que me las pagarás —Misha se sentía acorralada, sabía de sus intenciones, ese no era el plan.


—Vengo de ver al otro, le advertí y ahora tú me sales que quieres estar con Bill, ¡Furst te matará!


—Le hago un favor… a los dos, a Bill y a ese Tom, ¡Ahora largo!


—No veo por donde es el favor… estás loco Jared y cuando Furst se entere lamento decirte que no podré ayudarte, lo siento pero ya sabes de qué lado estoy… —diciendo eso, se echó a correr tan rápido como su especie se lo permitía. Eran más veloces que los humanos.


Jared se quedó viendo aquel rastro que dejó en el bosque. Él sabía que en parte le hacía un favor a Bill…


Esperó horas ahí y pudo armar una pequeña carpa con algunas maderas y unas mantas que había llevado a aquel lugar, algo le decía que Bill acudiría a su cita y se sentó a esperarlo.


Pronto escuchó a alguien correr a la velocidad de un felino, sonrió satisfecho escuchando como disminuía la velocidad y se detuvo.


—Ya te oí —le dijo aún sentado sobre las mantas— No me obligues a cazarte… eso me gusta, pero sé que no querrás —se miró sus uñas, eran como garritas.


Bill respiraba agitado oculto detrás de un árbol. Aún no estaba seguro, pero acudió a la cita.


—Quiero… —susurró a lo que algo saltó en el pecho de Jared, el minino quería jugar.


Bill se creía rápido, claro que lo era, pero dentro de él estaba la sensación de que solo él era rápido… Estaba equivocado. Sonrió mostrando sus colmillos y quiso negociar— Si me atrapas entonces, ya sabes —se mordió el labio—, pero si no, entonces me dejarás en paz de una buena vez.


—Trato hecho —dijo Jared poniéndose en pie y moviendo sus orejas buscando por donde venía aquella tímida voz—. Te va a gustar… —rió y Bill buscó con la mirada donde correr.


Ahí, en el frío bosque, una cacería extraña se inició. Bill corría tan rápido que creyó haber perdido a Jared, estaba riendo por dentro y saltaba esquivando piedras, cruzando pequeños riachuelos, pero pronto oyó la voz de Jared a metros de distancia, corriendo a gran velocidad, como él. Bill era un poco más pequeño, supo entonces que estaba en desventaja, no sabía que Jared podía correr a su velocidad.


—¡Ven aquí! —gritó Jared en cuanto Bill empezó a trepar un enorme árbol, usando sus piernas y manos, impulsándose hacia arriba.


Jared comenzó a escalar el árbol aledaño mucho más rápido que Bill, quien comenzaba a sudar y aquel olor extraño lograba excitar a Jared, más aún la respiración agitada de Bill.


Sin dudarlo, saltó hacia el otro árbol, manteniendo el equilibro en el aire con su cola larga. Bill chilló sintiéndose perdido, así que como pudo, comenzó a bajar del árbol, raspándose las manos en el proceso.


Corrió un poco tembloroso escuchando como Jared se le acercaba un poco más y luego saltó en su encima, rodando por el suelo bosque, luchando por escapar y el otro por tomar el control.


—Eres mío… —reía mientras buscaba tomar sus manos. Fue cuando Bill le mordió un brazo y Jared supo que debía hacer lo mismo.


Poniéndose sobre él completamente, le mordió el cuello haciendo que Bill gritase inmovilizándose completamente.


—Si pretendes morder, debes saber dónde hacerlo —le lamía el cuello, le había dejado una marca. Bill se había inmovilizado del dolor y solo atinó abrazarse a Jared buscando que no le hiciera daño, se había rendido pues estaba en sus manos como una presa.


Jared lo alzó en sus brazos, el corazón de Bill latía mucho, tanto por la agitación de haber corrido, como por el temor de no saber lo que le podría pasar. Quería confiar en Jared, así que su actitud fue sumisa, eso lo notó Jared pues no tuvo que usar la fuerza para alzarlo en sus brazos rumbo a su escondite. Bill ocultaba su rostro en su cuello, tenía algo de temor verle.


Pronto un ronroneo extraño de parte de Jared le hizo erizar los vellos de su cola, todo era tan extraño para él, pero al parecer algo en él salía a la luz, él no sabía qué, pero era su instinto animal.


Jared llegó al lugar indicado, bordeando una enorme roca y ahí encontrando las mantas, lo recostó prácticamente tirándolo y luego yendo sobre él tan rápido que Bill chilló, pero de su garganta salió un maullido extraño que excitó más a Jared.


—Ahh… no seas rudo —dijo sonrojándose.


—¿Lo soy? —le miró a los ojos y Bill negó con la cabeza.


—Solo no… no me vuelvas a tirar así.


—Te ha gustado, crees que no lo sé, solo te pareció extraño —Tom nunca lo había tratado así, nunca nadie había sido dominante con él, Jared le asustaba por un lado, pero por el otro, le llenaba de sensaciones nunca antes descubiertas. Pronto estaba ronroneando intentando mantener una distancia, la cual era imposible de lograr.


—No quiero que me beses —cerró sus labios, se los mordió y esquivó la mirada de Jared. Es que solo Tom podría besarle. Jared soltó una risita cerca de sus labios.


—¿Quién dice que voy a besarte? —acercándose más, sacó la lengua y le lamió desde el cuello hasta la mejilla.


Bill se estremeció y sintió su cuerpo calentarse mucho, unas oleadas de calor chocaron entre los dos. Por lo general sentía el cuerpo de Tom menos caliente que el suyo cuando se besaban, o la última vez que estuvieron muy juntos, pero esto era diferente, Jared también desprendía ese calor que pasaba a su cuerpo como una corriente eléctrica y le hacía maullar en un sonido diferente a todos los que alguna vez hubiera emitido. Lo mismo hizo Jared quien gruñó cerca de sus labios.


Comenzó a quitarle la ropa a pesar que Bill se resistía, pero lograba inmovilizarlo tocando partes específicas de su cuerpo como su cuello y su cadera haciendo presión ahí, provocando que Bill maullará aún más alto.


—Jared… tengo miedo, espera… —apenas dijo con una voz irreconocible por las sensaciones fuertes.


—No te dañaré, solo, no pongas tenso tu cuerpo, ¿te gusta eso, no? —le acariciaba el vientre desnudo sintiendo como contraía sus músculos y se agitaba. Bill no le respondía, solo cerraba sus ojos jadeando, buscando tomar bocanadas de aire que le quitaran la calentura. Jared tomó sus caderas posesivamente y lo volteó contra las mantas tan rápido que Bill gritó algo asustado— Te gusta…


—No lo sé… —su corazón bombeaba a mil, sus manos se aferraban a las mantas arañándolas y sintió como Jared le quitaba los pantalones, cerró sus ojos— Jared, espera…. Dime que funcionará… —escuchó una risita en medio de sus ronroneos.


—Claro que sí, ahora, no vayas a morderme, estate tranquilo, esto va a dolerte si te mueves, ¿me escuchaste? —se acomodó entre sus piernas abiertas y tomó su cola, Bill se alzó un poco y miró por encima de su hombro sonrojándose más al descubrir a Jared desnudo detrás suyo.


—Oh… espera… —Jared enredó la cola de Bill en su brazo haciendo algo de presión para sostenerlo por ahí, sabía que querría moverse, escaparse, podría adivinarlo— Eso me duele, suelta mi colita.


—Así será mejor, ahora contra las mantas —empujó su espalda y Bill obedeció.


Sentía que su corazón se saldría por su boca, Jared comenzó a acariciarle la espalda, al parecer sabía todos sus puntos débiles. Maullaron juntos al sentirse excitados.


—Si esto no funciona, mandaré a Tom matarte —le dijo con la voz llena de deseo.


—No creo que quieras contarle…


Bill sabía que debía guardar ese sucio secreto.

MININO by Pink Girl CAP 21


"MAS REVELACIONES"

Mike furst era un hombre de negocios, en su mayoría secretos. Era un hombre frío y calculador cuya forma de vida se centraba en él.


Se creía Dios, se creía único y muy superior.


Lamentablemente había muchas cosas que reforzaban ese concepto. Como ser hijo único heredero de una fortuna incalculable y tener en su poder una raza de seres que él consideraba era uno de los descubrimientos más brillantes de la historia. Pero por su sentido único y egoísta él jamás sacaría a la luz semejante descubrimiento.


Nadie estaba a la altura de conocerlo… Todos los demás eran “Impuros”, sólo él y los suyos podría saberlo y tener el privilegio de estar al lado de sus “creaciones”. Pero exclusivamente él podía acostarse con ellos. ¿Quienes ellos? Sus dos amantes Misha y Jared.


Cuando Jared era un niño pequeño, creció al lado de Mike Furst, él no quiso mostrarse como una figura paternal, no; él siempre optó por mostrarse como su dueño. Jared creció con eso en la mente, él le pertenecía a Mike, y ese sentido de pertenencia hacía que le permitiese de todo. Aunque su corazón nunca fue enteramente de Mike, solo se sentía su posesión, mostraba respeto y sumisión ante sus decisiones.


Jared se sentía único en su especie, sabía que Misha era como él, pero ella era una mujer gato, él no pensó que había otro como él en el mundo… Es que le ocultaron el origen de Bill.


Mike Furst tenía un pequeño gran problema. Nunca estaba satisfecho con lo que tenía, siempre quería más en todo sentido. Más poder, más dinero, más fama, más reconocimiento, más posesiones… Más como Misha y Jared.


Imaginaba como sería tener una mini ciudad exclusiva para él en donde sería el dueño de todos… La idea podía obsesionarlo. Y él tenía el dinero suficiente para hacerlo realidad.


Después de una pequeña pelea con Misha por haber preferido una noche a Jared sobre ella: Mike fue al laboratorio a hablar con Lucas, el científico. Le dijo que quería otro embrión, otro ser más para su colección.


El científico soñaba muchas pesadillas… Lo que él soñaba misteriosamente eran las tristezas de Misha la primera que había nacido en el laboratorio. Él podía ver sus lamentos de sentirse no querida cuando nació Jared… ¿Qué sentido tenía crear criaturas infelices para la satisfacción de otros? Pero Mike parecía pensar como los hombres de las épocas de la esclavitud, tomando a los esclavos como tan inferiores, vulnerando todos sus derechos… Eso no era justo.


Pero le pagaban muy bien. Solo había un detalle: Vivía aislado de todos, tan aislado que él se sentía esclavo de Mike… su padre no había sido así, pero Mike, él era manipulador.


—Señor Furst… Usted tiene ya a dos criaturas… —habló nervioso el anciano científico.


—Te pago para ello —dijo serio.


—Lo sé, le estoy agradecido… Pero…


—¿Pero? ¿Qué te afecta a ti que yo quiera otro? —el anciano titubeó, pero luego asintió.


—Déme una semana… sacaré muestras, le tendré su embrión.


Y así fue. Luego de algunas semanas, el científico Lucas tenía un embrión listo para implantar. Le trajeron a una mujer que Furst contrató para ello.


La clínica de fertilización quedaba en la ciudad, específicamente al lado del hospital común de la ciudad.


Aquella noche Lucas había soñado con Misha otra vez. La había visto llorar desnuda en una bañera, sintiéndose desdichada… ¿Por qué ella no podía ser la esposa se Mike? ¿Solo por tener una cola y orejas de gato? ¿Por qué había nacido si no podría nadie quererla como ella era realmente? Lucas se puso a pensar en esos pensamientos de la mujer gato... Tan joven con apenas veinte años, tan hermosa y sobre todo tan especial, ¿era justo lo que le pasaba? ¿Era él el responsable de aquel sufrimiento? ¿Por qué lo soñaba? ¿Significaba algo?


Estaba parado frente a la mujer recostada, una rubia vestida en bata con ambas piernas puestas sobre un aparato especial, tenía toda la indumentaria para inseminarla y sobre todo tenía el embrión en una probeta.


Sus manos temblaron, tomó la probeta, se levantó de ahí y salió.


No había enfermeras, solo estaba él en la clínica. Pero tenía una identificación de médico. En minutos pasó al otro hospital común, él tenía amigos ahí, conocía a David Jost, un médico joven.


En su desesperación se metió en los pasillos de ginecología y llegó a la sala de atenciones. Usó su influencia para atender a una mujer que venía por un mioma que tenía en el útero, aunque cuando la analizaron no encontraron nada extraño.


Entonces, él pensó. Si la mujer tendría complicaciones con un embrión, pues el bebé moriría... Quizá sería mejor aquello antes de que nazca. Pero si la mujer no presentara complicaciones, él bebé nacería… Y podría ser libre, así él dejar de tener ese pesar de conciencia por lo que estaba haciendo: Crear vida para que otros la aprovecharan… crear esclavos.


Rápidamente, sin que el médico titular de esa paciente lo supiera, él le inoculó el embrión. La mujer de cabellos negros ni se dio cuenta, no sintió nada, no supo nada...


En menos de una semana, el científico Lucas se reunió con Misha, ella le dijo que podía meterse en los sueños de la gente, que le gustaba estar en sus sueños porque él era tan inteligente que en sus sueños podía explorar tanto. Le pidió disculpas por refugiarse en su mente… Y él le dijo que le entendía, que no crearía más criaturas solo para Mike… Estuvo por decirle que había dejado “libre” un embrión. Pero ese día no pudo. Mike estaba furioso porque se enteró que la mujer que había contratado para que conciba al embrión no estaba embarazada.


Mandó a investigar rápidamente el caso dando incluso con las grabaciones de las cámaras de video de la clínica de fertilización así como del hospital aledaño, percatándose de lo que Lucas había hecho.


—¡No puedo creerlo! —le gritó él— ¡Acaso se ha vuelto loco! —el anciano retrocedió bastante nervioso.


—Señor Furst, estoy bastante viejo, renuncio a mi trabajo, el embrión no sobrevivirá en la otra mujer, es una mujer enferma, estéril —Furst lo veía con ira.


—¡Qué tiene que ver ello! ¡Te dije que hicieras una cosa, no que hicieras lo que hiciste así ese bebé no naciera! —tomó un arma de uno de sus de seguridad y le voló la cabeza en su despacho.


Así murió el único hombre que sabía la fórmula exacta de cómo lograr un embrión de aquel esqueleto antiguo.


Furst estuvo tan airado, mandó a investigar a todas las pacientes que se atendían en aquel hospital aledaño a la clínica… Pero misteriosamente nunca dieron con Simone Kaulitz. Lucas había podido anticipar ello… Había destruido su hoja clínica antes de salir de ahí…


Simone engendró a un bebé en solo dos meses… Eso no se lo esperaba Furst y los demás. Se supone que Jared era una “mutación” un mal experimento, por eso crecía rápido. Lo que Furst y ningún otro sabía, era que esa raza era así. Las hembras vivían mucho más que los machos…


Se dedicaban a buscar un niño con características felinas, pero no sabían que ya era un jovencito de quince años cuando supieron que sí había nacido. Furst lo quería para sí, pues él era el dueño.


Pero era alguien muy calculador. Monitoreaba todos sus movimientos, lo tenía vigilado. Le sorprendía cómo había podido adaptarse a la vida humana… Le sería tan difícil poseerlo. Pero para eso contaba con Misha y Jared.


***


Jared había podido escuchar a Bill junto con Tom en aquel bosque. Estaba sentado sobre la rama de un árbol mirando desde ahí arriba cómo Tom acariciaba a Bill de una manera especial, interesándose en él más que en solo penetrar su cuerpo como era Furst con él.


Eso lo llenó de una sensación extraña, él no sabía cómo descifrarla.


Podía escuchar hasta los latidos de su igual, el pequeño Bill, y como Tom le susurraba muchas cosas tan dulces. Se sonrojó cuando estuvo desnudo en los brazos de su novio y decidió no ver aquella escena erótica, solo escuchaba y se imaginaba qué estaban haciendo.


Frunció el ceño bastante fastidiado cuando escuchó a Bill contarle sus orígenes a ese “impuro”, eso había sido muy malo. Contarle cosas especiales para ellos a alguien tan simple como Tom. Jared estaba seguro que debía hablar seriamente con el pequeño, quería callarle esa bocota que tenía.


Rió bajito cuando Bill creyó que lo que había pasado era haber hecho el amor, qué niño más inocente… Como él cuando tenía casi cinco años. Realmente creyó que Furst sería su todo… Aunque lo compartía con Misha, aquella vez que dejó su inocencia sobre una cama enorme, él creyó que sería el preferido de Furst… Pero luego supo que lo que había pasado era parte de la vida de ellos. Así debía ser.


Luego de que ambos se levantaron del lugar y se tomaran de la mano para salir del bosque, Jared decidió esperar un poco. Sabía que si se movía Bill podía oírlo.


Los mapaches que vivían en el hueco de un enorme árbol le gruñeron… él era extraño para ellos, mas no Bill.


Al parecer Bill tenía la habilidad para comunicarse con el mundo animal, eso le pareció gracioso a Jared, él tenía habilidades más interesantes como meterse en la mente de otros, casi como Misha, solo que ella podía meterse en sueños y meter a otros en los sueños de otros. Bill no sabía nada de aquello, ni Misha ni Jared le habían contado que quizá tendría alguna habilidad distinta a los seres humanos comunes.


Jared subió la pared de su habitación y se metió ahí. Suspiró siendo paciente, desde ahí podía escuchar a Bill hablar con Tom en la sala de su casa… sonaba triste, ya era de noche y su novio debía irse de casa.


Allá abajo, Bill no se desprendía del brazo de Tom. Simone y Georg estaban en la sala viéndolos a los dos.


—Espero regreses pronto —le dijo Simone.


—En serio que lo intentaré… Estoy pensando mudarme —Bill saltó emocionado Simone y Georg se miraron a los ojos.


—¿Trabajar aquí cerca? —preguntó Georg.


—Sería tan genial —habló Bill con un brillo especial en sus ojos. Tom le sonrió y abrazó su cintura. Georg se incomodó un poco, pero Simone le tomó una mano.


—Estoy buscando un trabajo en esta ciudad, quizá tarde… —se calló un poco, quería hablar serio— Si me lo permiten, me gustaría vivir con Bill.


—Apenas meses se conocen —habló Georg—, definitivamente no por ahora —Bill se puso triste, sus orejas decayeron y su cola cayó sin movimiento. Era tan expresivo.


—Yo esperaré el tiempo necesario —habló firme Tom—. Amo a Bill. —el minino tomó su mano y se la apretó.


—Es muy pronto —habló Simone. Ahora Bill tenía el ceño fruncido…


Dejaron las tensiones para otro momento. Los cuatro fueron al comedor a degustar el pastel que Bill había hecho, claro que Bill prefirió comer las galletas de atún que Tom le había comprado.


Una hora más pasó y ya era tiempo de otra triste despedida.


—No quiero Tomi —se quejaba sentado sobre sus piernas dentro de su auto—. No bajaré de aquí.


—Quisiera llevarte… en serio que sí, algún día lo haré, lo prometo.


—¿Viviremos en una casita lejos de todo y luego qué? —preguntó mirándolo a los ojos. Tom acarició su mejilla escuchándolo ronronear.


—¿Luego? Seguir amándote… —Bill seguía triste.


—El otro año tendré dieciocho y luego… el otro año veintiuno y…


—Shh… —le calló poniendo un dedo en sus labios— Igual, mi amor no descenderá, ni cambiará o morirá debido a eso…


—Por eso quiero mudarme contigo si fuera posible mañana mismo —pidió sincero. Era verdad, sentía que su vida corría tan rápido.


—Lo sé… Es mi sentir, me mudaré aquí cerca, conseguiré un buen trabajo que nos permita vivir bien, y serás mío y yo tuyo —Bill sonrió y lo besó.


Tenían un plan, una meta en común.


Más besos y jadeos otra vez, Bill guió las manos de Tom hacía su pequeño trasero y enroscó su cola en uno de sus brazos. Tom sonrió en sus labios… Al parecer a Bill había encantado las caricias ahí.


—Debo parar… —dijo Tom bastante agitado, Bill sobre él comenzaba a moverse queriendo despertar su entrepierna… El Minino no sabía lo que era quedarse con las ganas, siempre había salido satisfecho él, parecía gustarle mucho y creía que solo así agradaba a Tom, mas no sabía que la mente de Tom siempre iba más allá… sus intensiones eran carnales, de un hombre adulto. Pero Tom no le haría daño.


—¿Me tocarás cuando regreses? —preguntó inocente aún ruborizado casi inaudible. Tom rió un poco.


—Qué pregunta… siempre tengo deseos de tocarte…


—Cuando regreses me dejaré, todo lo que quieras… —le susurró con la voz entrecortada de tanto ronronear.


—No digas eso que no paro y… las consecuencias, Bill —se mordió el labio de solo imaginar lo que se sentiría completar ese acto—. La próxima vez… está bien… —habló grave, cegado por el momento. Bill asintió.


Bajó de su regazo dejándolo otra vez tan duro. Tom tragó saliva, dos veces esa sensación ya era dolora.


—Te amo Bill… Te amo mucho —se despidió con beso y Bill salió de su auto.


—Te amo igual… Te espero pronto —le sonrió con lágrimas en sus ojos. Y luego recordó algo que le llenó de temor— ¡Tom! —éste le miró a los ojos— No hables con… descocidos… con la mujer gato, no hables con ella si vuelve a buscarte —Tom pudo ver un pequeño temor en su tono de voz y asintió. Aunque él estaba curioso por resolver todo el misterio de una buena vez. Lo pensaría.


Bill vio el auto partir y entró en casa. Simone estaba en la computadora comunicándose con sus padres mientras Georg miraba algo de televisión. Bill se acercó a Simone.


—En verdad quiero que Tom sea… así como tú tienes a Georg… quiero tener a Tom conmigo —Simone lo vio a los ojos y asintió.


—Te entiendo, te entendemos Bill… Pero es muy pronto.


—Nada es pronto para mí, mamá… mira mis condiciones… Pronto será tarde —Georg lo miró y suspiró audiblemente.


—Tom está a prueba, ¿de acuerdo? Como tus padres sabemos lo mejor para ti, queremos a Tom, nos parece buen tipo, pero… —Bill frunció el ceño encarando a su papá.


—Pero crees que puede fallar, como tú —dijo algo molesto. Simone agachó la cabeza y Georg se puso en pie.


—Nadie es perfecto… Yo fallé, no quiero que otros fallen contigo… Tener veintisiete años como yo es distinto a tener cinco. No queremos que tengas malas experiencias en estas cosas.


—Él me quiere —dijo bajito.


—Lo sabemos, pero está aprueba. Si se muda aquí, si te sigue frecuentando de manera adecuada, ganará puntos —Georg le sonrió. Bill suspiró y su papá le abrió sus brazos—. Ven aquí, hijo —levantó la cola y la movió.


El abrazo de su padre era reconfortante.


Esa sensación no pudo ser descifrada por Jared, oculto en su armario había podido escuchar todo ahí abajo en la sala… Escuchó a Bill subir a su habitación, tarareaba y ronroneaba una canción.


Entró en su cuarto, vio el reloj de su mesita de noche, casi las once. Pero no tenía sueño. Todos en la casa sabían que él era más nocturno que diurno.


Bostezó aburrido y luego decidió tomar un baño caliente. Sentía que lo necesitaba… Había sudado tanto allá con Tom. Sonrió emocionado y abrió su armario para sacar una toalla.


Se detuvo ahí creyendo oler algo extraño que le erizó la piel.


—Humm… —olió su armario. Y pensó que era un aroma atrayente y seductor— ¿De dónde viene eso?


Ahí adentró, Jared aguantaba la respiración detrás de sus abrigos, podía predecir que Bill, solo olfateando, daría con él.


Pero luego el sonar de algo roer cerca de su ventana lo puso en alerta. Un pequeño ratón se comía una galleta que había dejado cerca a la ventana.


Achinó los ojos e inmediatamente fue donde el pequeño animal que prácticamente no pudo escapar con tan rápido movimiento. De un zarpazo terminó en sus manos, que tenían garritas.


—¡Te atrapé, muajaja! —rió emocionado mientras el pequeño animal chillaba de miedo. Sería devorado, lo predecía.


Jared pudo respirar aliviado.


Bill pudo recordar las palabras de su madre el día que mató a casi veinte palomas en la azotea… A él le había parecido divertido en su momento. Pero ella lo había llamado “salvaje” y eso sonó tan doloroso para él.


—Soy un humano —dijo… Y luego pensó en que el hecho de ser humano le llenaba de sentimientos. Vio a los ojos rojos de aquel ratón, y sintió su miedo y desesperación… Pudo meterse en su pequeña mente y ver que dentro de un árbol afuera de la casa, tenía tres bebés. Ella era una rata, y su única razón de vida era poder alimentarse para generar la leche suficiente para aquellas tres criaturas. Bill suspiró— Aww… tú tienes tres bebés —la rata enfocó su vista en sus enormes ojos brillosos y pudo meterse en su mente. A Bill le pareció extraño eso, jamás había pasado algo así… Aunque, con Casimir una vez.


Sus manos temblaron un poco y la dejó ir. Ella lo miró algo asustada y en su mente le pidió llevarse la galleta que estaba en la mesita cerca de su ventana.


—Sí, es tuya —le dijo Bill a lo que la rata entendió. Y luego de tomarla en su boquita, salió por la ventana.


Se sentó en su cama pensando en todo aquello. Aún había rarezas en él de las cuales no sabía mucho. Tenía miedo asustarse con ellas.


Ya en el baño, se desnudó y se metió en la bañera tibia. Cerró sus ojos y se relajó.


Casi se duerme ahí. Pero luego salió desnudo del baño y se adentró en su cuarto, secándose el cabello. Abrió las mantas de su cama y se recostó ahí.


Estaba pensando en Tom. ¿Ya habría llegado a casa? Esperaba y Misha no interfiriera. Frunció el ceño y quiso dormir para ver si entraba en sus sueños. Tenía muchas cosas serias que decirle.


Relajado en su cama, suspiró para dormir. Pero las imágenes de Tom junto a él no le dejaban entrar en sueños. Rió algo emocionado y se acarició el cuerpo desnudo debajo de las mantas calientes.


Se ruborizó tanto al sentir placer con sus propias manos. Se mordió el labio tan fuertemente cuando con una de sus manos quiso probar lo de momentos antes… Se había sentido tan desbordantemente genial los dedos de Tom en él. Era algo que no podía creer que fuese tan placentero.


Se sintió un poco culpable por estar haciendo eso. Con cuidado, uno de sus dedos entró en él y se contrajo de dolor… No funcionaba, no era tan placentero como cuando Tom se lo hacía. Gimió frustrado y luego se puso helado cuando escuchó una risita proveniente de su armario.


Se sentó en su cama y sintió tal vergüenza.


—¡Quién anda ahí! —habló alto mientas sus manos se aferraban a las mantas.


En plena oscuridad de la habitación, del armario salió Jared, poniendo a Bill en serios aprietos emocionales. Era real… No estaba soñando. Había salido de sus sueños y estaba ahí en su habitación. Podía verlo nítidamente aunque no había luz.


—¿Qué haces aquí? Es mi habitación… Una cosa es que hable contigo allá en mis sueños, otra que vengas e invadas mi vida real —Jared le sonreía y Bill se encogía y ruborizaba cada vez más.


—Hubieras preferido que te dejara hacer lo que estabas haciendo, ¿verdad? —rió bajito y Bill abrió la boca para replicar, pero no sabía qué decirle.


Tomó su almohada y se la lanzó—. Largo. No te acerques.


—Tranquilo Bill, sabes quien soy, ¿qué te molestas? Sé lo que son esas sensaciones.


—No puedo creer que estuvieras espiándome… En serio, ¡estoy desilusionado de ti! ¡De ustedes dos! —lo miró con suma desaprobación en sus ojos.


Jared se le acercó y se sentó en su cama sintiendo como Bill le empujaba con sus piernas por debajo de los cobertores, estaba desnudo, y la cercanía de un hombre apuesto y de su especie lo ponía muy nervioso y no sabía cómo reaccionar más que infantilmente. Jared rió y se recostó a su lado. Bill se cubrió la cara con la manta.


—No te acerques… no…


—Solo quiero hablar contigo, no te tocaré, ya deja de ser tan niño —rió y Bill bajó un poco las mantas descubriendo sus ojos. Los de Jared brillaban tan intensamente que casi alumbraban la cama. Era como dos lámparas de luz.


—No quiero hablar…


—Debemos… —Bill puso su cabeza en la almohada, cubriendo su rostro de vergüenza.


Jared le acarició las orejas y Bill se encogió en la cama. Desnudo y con vergüenza, no se movería de ahí.


 
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