
By cynical terror y undrockroll
traducción : aelilim y La Dama de la Oscuridad
tks Mssk
Simone estuvo tensa toda la noche.
Gordon continuaba diciéndole que se calmara. Pero ella sabía que él sólo imaginaba que estaba nerviosa porque la noche saliera bien. Ella sería la anfitriona de una pequeña fiesta de cumpleaños para los gemelos, en su casa de Loitsche, y casi todos los parientes que ellos tenían, estaría allí. Simone había contratado una empresa de catering, además de su propia comida casera.
Sin embargo, ella no podía mantener los ojos alejados de sus gemelos, le dolía lo malas que se habían vuelto las cosas
Ya no podría volver a disfrutar realmente el estar con sus hijos. Ya no podía relajarse igual que siempre. Desde luego que los amaba, nada podría apartarla de ser la seguidora y fan número uno de los chicos, pero no podía apoyar eso que nadie sabía excepto ella.
Esperaba, al menos, que ella fuera la única.
Pasó la mayor parte de la velada alejada de sus hijos, viéndolos entremezclarse alrededor, sonriendo correctamente hacia las personas que no habían visto hacía años.
Ella los observó con un penetrante interés; ¿podría alguien más ver lo que ella veía? ¿Ellos eran tan obvios como le parecían?
Tom colocó su mano en la, muy pequeña, espalda de su gemelo y lo guió hacia la cocina. Le sirvió una bebida y una servilleta y se inclinó muy cerca, susurrando algo en el oído de Bill.
La escena lucía tan íntima, tan enfermizamente mal, que Simone comenzó a enervarse. ¿Todos lo sabrían si ellos seguían comportándose de esta forma?
-Whoa, cálmate -dijo Gordon, apretando la mano de Simone-. Parece que estás a punto de hacer saltar los tapones, ¿está todo bien?
Simone tomó una gran bocanada de aire e hizo un intentó de sonrisa.
-Puedes hacerlo mejor que eso -dijo Gordon-. Vamos, sólo los tenemos por una noche, vamos a sacar el máximo partido de ello.
Ella sacudió la cabeza.
-¿No crees que los chicos están actuando extraño?
Gordon entrecerró los ojos, mirando a través de la sala donde Bill y Tom estaban hablando con sus abuelos. Estaban muy cerca, ¿pero no lo habían estado siempre? le pareció que todo lucía muy normal.
-Ellos lucen bien a mi parecer, saludables y descansados por una vez -dijo Gordon-. De verdad, ¿qué pasa?
-Yo sólo… -su voz se fue desvaneciendo, mirando fijamente hacia sus hijos. El dedo meñique de Bill se había enganchado del cinturón de Tom, tirándolo juguetonamente más cerca-. Gordon…
Gordon, mirando la misma escena, rió un poco.
-Ellos lucen bien -dijo él-. ¿No estás feliz de que ellos estén por una vez en casa, y no luzcan desarreglados?
-Sí... -Simone suspiró y se inclinó sobre él. Gordon pasó un brazo alrededor suyo, abrazándola.
-Ya sé lo que pasa -susurró Gordon.
Simone casi se congeló. Abrió desmesuradamente los ojos: -¿Qué?
Gordon puso su boca cerca del oído de Simone.
-Estás triste porque ellos cumplen dieciocho, ya no serán tus pequeños niños. Ahora son adultos.
Simone en realidad rió, se sentía aliviada. Si Gordon, que había vivido en la misma casa con ellos todos esos años, no lo había notado, ¿entonces quien podría?
-Y otra cosa -continuó Gordon.
-¿Qué? -preguntó Simone bruscamente.
-Es por Bill, ¿no es cierto?
-¿Qué en cuanto a Bill?
-Ahora él va hacia Tom -respondió Gordon acariciando el pelo de Simone-. Por ayuda. Piensas que has sido reemplazada. Eso debe ser difícil. Pero sabes que
siempre serás su madre
Simone cerró sus ojos brevemente.
-¿Tú qué piensas, que él realmente me ha reemplazado? ¿Qué quieres decir?
-Quiero decir... -Gordon se encogió-. Mierda, cariño, no lo sé. Míralos.
Simone sacudió la cabeza, escogiendo no hacerlo: -Gordon…
-Nuestros niños ya no son nuestros niños, no más, lo sé -dijo Gordon silenciosamente, besando su frente-. Pero está bien, se tienen el uno al otro.
Simone suspiró y se alejó de su marido, y recorrió el lugar fuera de la fiesta. Alguien tocó su hombro y cuando ella volteó, vio a Bill ahí parado, luciendo radiante.
-Hola, mamá -dijo Bill intensamente.
-¿Dónde está tu hermano? -preguntó Simone fríamente. Le sorprendió cuan frío sonó.
-Él… no lo sé, no estamos casados -dijo Bill, apretando su brazo.
El comentario era para aligerar el ambiente, una broma, pero a Simone le sentó muy amarga, así que dio vuelta para alejarse.
-Mamá, espera, ¿qué mierda?
Simone se giró de nuevo.
-¿Qué es qué, Bill?
-¿Qué demonios ocurre?
-Nada -Simone le contestó bruscamente-. Ve y saluda a tu tía, acaba de llegar.
-De ninguna manera, nunca la conocí, y tú obviamente estás enojada con nosotros -respondió Bill, parado firmemente en frente suyo. Él tenía su cabello liso y su maquillaje era suave, pero aún mantenía un poder extraño, tan extraño que Simone apenas había notado que había dicho "nosotros".
-Sólo ve -masculló Simone.
-Mamá -dijo Bill bruscamente. Tom estaba repentinamente detrás de Bill, sonriendo hasta que notó las expresiones en sus rostros.
-¿Qué pasa? -preguntó Tom. Simone sólo suspiró.
-Mamá está... -Bill le dio un vistazo.
-No hables así de mí, como si fuera la que está mal -dijo Simone, demasiado fuerte. Uno o dos primos se voltearon a mirar hacia allí y Simone esbozó una falsa sonrisa-. Vengan conmigo.
Ella caminó lejos de la cocina y entró en el pequeño cuarto de baño del fondo de la casa. Tom y Bill vacilaron un momento, pero le siguieron.
-Gran cumpleaños -murmuró Bill a medida que caminaban.
-Sólo no hagas que se enoje, deja que diga lo que quiera decir -le advirtió Tom. Una vez que entraron en el pequeño baño, Simone cerró la puerta y se giró hacia sus hijos.
-No me gusta la forma en la que se están comportando, la manera en que estamos actuando. Especialmente aquí, con toda la familia -dijo. Juntó ambas manos tensamente y se movió nerviosamente, estaba muy exaltada.
-¿Como estamos comportándonos? -preguntó Tom, con voz controlada-. La estábamos pasando bien.
-No me importa lo que te prometí antes -dijo Simone-. Sé acerca de ustedes dos -le dijo a Bill.
-Lo sé -le soltó Bill-. Tomi me lo dijo.
-¿Y continuaste? -Simone lucía disgustada-. Estoy sorprendida de ti, Bill.
-¿Por qué de él? -dijo Tom airadamente-. ¿Crees que estoy forzando-
-Cállate, Tom -murmuró Bill, sus mejillas ardían.
Tom miró a su gemelo, con la boca abierta.
-En serio, cállate. No estás obligándome a nada, nunca digas eso -miró airadamente a su madre, mientras ella frotaba sus sienes.
-Estoy perdida -dijo Simone-. No sé qué hacer.
-¡Déjanos jodidamente solos! -dijo Tom en voz alta.
-Yo soy tu madre -le respondió Simone, acaloradamente-. Ya sea que quieras respetar eso o no.
- Entonces, ¿qué? ¿Estás inmediatamente autorizada a hacer que tus hijos se sienten como una completa mierda? -preguntó Tom-. Porque así es como me hiciste sentir durante años, mamá.
-Ustedes son hermanos - dijo Simone desvalidamente-. ¡Si he hecho que te avergonzaras, sintieras mal o te enfadaras, bueno… Bueno, es sólo por el bien de nuestra familia, y de sus carreras!
-Atrévete a quitarme lo único que mantiene equilibrada toda mi vida -le disparó Tom de nuevo, tomando la mano de Bill-. Joder, te desafío a que lo intentes, mamá.
-Tom, por favor -dijo ella, cansinamente.
-Tomi, está bien, sólo vámonos -dijo Bill tímidamente.
-No, estoy molesto -dijo Tom. Su rostro estaba caliente y sentía como todas sus emociones acumuladas a través de los años bullían dentro de él-. Más que enojado. Estoy avergonzado de ti, mamá.
-¿Qué? -Simone separó sus manos-. ¿Vergüenza de mí por... tú relación con... tú hermano?
Tom sacudió la cabeza: -No, mamá, es mucho más que eso.
Bill gimoteó un poco, acercándose un paso más hacia Tom: -Tomi, vámonos.
-Ustedes no se van -dijo Simone suavemente, sus palabras sonaban como hielo.
-Nos iremos cuando queramos hacerlo -dijo Tom-. Pero no ahora. Necesito aclararte algunas cosas.
Simone entrecerró los ojos y Bill bajó la cabeza.
-¿Qué? -preguntó.
-Ahora que tenemos dieciocho, estaremos por nuestra cuenta -dijo Tom. Tomó la mano de Bill y la apretó-. Hemos estado realmente por nuestra propia cuenta desde que teníamos catorce. No es que hayas sido una mala madre, pero realmente no has estado demasiado alrededor.
-"No has estado demasiado alrededor" -dijo ella, sin ánimos-. Sólo quiero que sean felices.
-Entonces déjanos ser felices -dijo Bill, muy despacio. Presionó la mano de su gemelo y permaneció allí suplicante frente a su madre-. ¿Por favor?
-No puedo solamente... ustedes dos necesitan ayuda, lo digo en serio. Algo está mal con ustedes y yo no puedo...
-Puedes -dijo Tom-. De lo contrario, no estarás en nuestras vidas.
Simone jadeó ante las palabras y sintió el pinchazo de las lágrimas en sus ojos: -Tom, no pensarás-
-No quiero sentirme avergonzado por amarlo -dijo simplemente, Tom-. No necesitamos ayuda y no necesitamos tu desaprobación. Te quiero mamá, pero no puedo vivir con eso. No puedo vivir con las cosas que has dicho de nosotros, a nosotros.
-¡No estoy equivocada! -gritó- ¡Ustedes lo están! ¿No entienden que están enfermos de la cabeza?
Bill jaló cerca a Tom, justo a su lado, y sacudió la cabeza.
-No lo entiendes -dijo Bill-. No tiene porqué gustarte, ¿pero no puedes dejarlo pasar?
-No puedo -dijo Simone. Su voz estaba cargada de agotamiento e ira-. Ustedes no son los niños que yo... ustedes no son mis hijos.
-No lo somos -acordó Tom-. Somos uno.
-Tú nunca me amaste como Tom lo hace -dijo suavemente Bill.
-Porque es enfermizo -dijo ella con los dientes apretados-. Está mal, es... es enfermo. Dios, ¿por qué? ¿Qué fue lo que hice?
-Tú no hiciste nada -respondió Tom-. Excepto hacernos sentir como una completa mierda.
-Detengan esto -dijo Simone-. Sólo deténganlo, y sigan adelante. Sé que deben estar confundidos, creciendo, especialmente con su padre y la manera en que es-
-Tú te casaste con él -murmuró Bill.
Simone se plantó delante de Bill y le dio una dura bofetada en la cara. Bill dio un paso hacia atrás, cubriendo su cabeza con sus manos y soltando un sonoro llanto.
Simone miró a Tom y lo que vio le hizo temblar un poco.
La rabia en la cara de Tom era tan pesada que Simone dio un paso hacia atrás.
-Nunca vuelvas a tocarlo -dijo Tom, lentamente-. Nunca vuelvas a jodidamente tocarlo, te juro que no volverás a vernos nunca más.
Ella sólo permaneció observando a su hijo mayor, sin parpadear. Tom movió a Bill, frotando su espalda y mirando airadamente a su madre.
-Bill, vamos, nos vamos.
Bill asintió.
-Bill -empezó Simone.
-No -le dijo Tom-. No puedes hablar con él.
-Tomi -susurró Bill.
-Está bien, nos vamos -le respondió suavemente, besando su frente-. Nos marchamos, tal vez para siempre.
-Tom, no -dijo Simone, su voz era casi inaudible, estaba cargada de emociones.
-No puedo evitar esto -dijo Tom, sosteniendo cerca a Bill-. No puedo detenerlo y no quiero, él es todo. Lo daría todo por él.
Simone tembló un poco, mirando fijamente a sus hijos: -Bill -dijo.
-Yo también -susurró Bill-. No me importa si arruina todo.
-Eso es egoísta -continuó, Simone-. Tienes que preocuparse si esto-
-No tengo qué -dijo Bill-. Y si es egoísta, entonces… entonces soy egoísta.
-Vamos -Tom tiró de Bill, hacia la puerta-. Salgamos de aquí.-Supongo que no puedo detenerlos -dijo Simone.- Sé que no puedo. Pero no puedo perderlos.
-¿Nos apoyarás? -preguntó Tom.
Simone sólo miró al piso, sin decir una palabra, sin moverse.
-Adiós, mamá -dijo Bill, lentamente. Tom no dijo nada mientras empujaban la puerta del cuarto de baño y salían de la fiesta.
Simone se apoyó contra la pared, tragando el nudo de su garganta, sintiéndose abandonada aún peor que cuando su marido la dejó a ella y a los gemelos hacía tantos años atrás.
**
Los gemelos condujeron en silencio durante casi dos horas. Bill estaba enrollado en el asiento de pasajeros del nuevo SUV de Tom, mientras éste conducía tenso, con los nudillos casi blancos.
Habían pasado casi dos horas desde que habían dejado la casa, y la fiesta, y ambos se sentían vacíos.
-Aparca -murmuró Bill-. Mareo.
-¿De verdad? -la voz de Tom se rompió, no había hablado hacia mucho. Echó un vistazo hacia Bill, que lucía realmente pálido-. Bien, espera.
Dejó la carretera y condujo hacia un área de descanso cubierta por la oscuridad. Por unos minutos permanecieron sentados, sin hablar, y mientras Bill abrazaba sus piernas, subió la manga de su chaqueta y miró fijamente el tatuaje.
Tom se inclinó más, muy suavemente, y lo besó.
-Me gusta, de verdad -dijo, mirando hacia abajo, hacia la tinta-. Es muy apropiado.
Bill sonrió un poco y se acurrucó cerca de Tom: -¿Crees que mamá estará bien con nosotros?
Tom no lo sabía, y eso, le asustaba: -Bill, yo...
-Lo sé -dijo Bill-. ¿La veremos de nuevo?
Tom asintió: -Por supuesto que lo haremos. -Él no estaba seguro de si eso era cierto, pero eso podría calmar a Bill. Sostuvo el brazo de Bill hacia arriba, besó el tatuaje una vez más, dejando que su lengua lamiera deslizándose por su antebrazo-. Sabes, realmente somos libres.
-¿Cómo? -preguntó Bill.
Tom succionó por sobre los tensos músculos de la muñeca de Bill, haciendo cosquillas en su palma, y luego calmando la sensación con sus labios.
-Porque controlamos nuestra vida, ¿no? Sólo salimos de allí bajo nuestros propios términos. No tenemos que hacer nada que no queramos, y ya no estamos enjaulados.
-Pero nadie puede saber -dijo con tristeza Bill.
-Eso no importa -dijo Tom-. ¿Por qué debería importarle eso a alguien más?
-Porque -dijo Bill, sin mirar a Tom-. Porque quiero ser capaz de contarle todo a mamá, quisiera sólo... ¡No lo sé!
-Bill... -las manos le sudaban y dejó caer el brazo de Bill-. Sé que esto no es fácil, pero ¿alguna vez lo ha sido?
-Estar contigo es fácil -dijo Bill, con una sonrisa tonta formándose en su rostro. Fue de repente jalado hacia el asiento de Tom, tan cerca que estaba sobre el regazo de su hermano-. Tú nunca has sido el problema -dijo contra los labios de Tom-. Tú nunca serás el problema.
Tom lo besó con cuidado, acunándolo en sus brazos.
-No tenemos un problema, los demás sí. No me importa si está mal, porque, de todas formas, el mundo está jodido, y ¿cómo podría esto dañar a alguien? -apretó a Bill con fuerza, lo sostuvo hasta que sus brazos dolieron.
-Mierda -suspiró Bill contra el cuello de Tom-. Estamos haciéndole daño a mamá, yo nunca había pensado en eso antes.
-¿Por qué debería dolerle? -preguntó Tom-. Yo te amo, ¿por qué que eso es tan malo?
-No lo es -dijo Bill, exhalado profundamente contra Tom, todo su cuerpo estaba finalmente relajado-. Eres la única persona que nunca me hizo daño, eres el único al que necesito.
-Dios, Bill, nunca me dejes -dijo Tom, abrazando ferozmente a Bill, con amor desesperado-. Nunca
-Nunca -repitió Bill, meciendo la cara de Tom, su antebrazo presionando contra la mejilla de su gemelo.
Tom besó el tatuaje de Bill de nuevo.
-Entonces somos libres, siempre que estemos juntos.
Bill rió y limpió una lágrima de la cara de Tom.
-Te has estado convirtiendo en una niña conmigo, últimamente -dijo Bill-. Primero la canción y ahora esto.
-¡Hey! Esa canción no estaba tan nena cuando yo estaba sobrio -se defendió Tom-. ¿No te gustó?
-La amé -dijo Bill-. De verdad. Tenemos que ponerle palabras, y ponerla en un CD.
-No lo sé -dijo Tom-. Era sólo para ti.
-Lo entiendo -dijo Bill, lanzándole una mirada insinuante. Tom lo besó con fuerza, acariciando la parte de atrás de su cuello y succionando su labio inferior con la boca. Tom gimió, retorciéndose en su asiento a medida que Bill se acercaba más y más. Se frotaron juntos lentamente, y cuando Bill se alejó, estaba sonriendo.
-Vamos a un hotel muy caro -dijo-. Camas jodidamente grandes y servicio a la habitación y...
-No podemos.
-Tenemos dieciocho -respondió Bill-. Podemos permitirnos cualquier mierda que queramos.
-Bueno -asintió Tom-. ¿Cuál hotel?
-Ese que está en Berlín que tú amas, tú sabes. El que tiene la enorme bañera y waffles muy buenos. -Bill se inclinó de nuevo, estremeciéndose cuando el volante se clavó contra su parte posterior-. Mmm, podría ir por unos realmente buenos waffles.
Después de un último beso, Bill se deslizó de nuevo al asiento de pasajeros y Tom encendió el auto otra vez. Bill permaneció con la vista fija hacia fuera, mirando las luces de la ciudad y apoyándose contra el cristal.
-Bill -murmuró Tom.
-¿Hm?
-Siento haberme puesto un poco loco allí, pero cuando ella te golpeó...
Bill sacudió su cabeza. -De todas formas, no dolió, no de esa forma.
-Va a mejorar a partir de ahora.
-¿Lo hará?
Tom miró a Bill y frunció el ceño: -Si no es así, todavía te tengo, así que ¿qué importa?"
-Mm -murmuró Bill, devolviéndole la mirada a su gemelo y sonriendo un poco-. Siempre me tienes.
Tom dirigió su atención de nuevo a la carretera y sintió la mano de Bill sobre un costado de su cara. Se inclinó sobre el toque, sintiéndose cálido y relajado.
Realmente, ellos nunca habían tenido nadie, salvo el uno al otro. Y mientras estuvieran en su propio pequeño mundo, estarían seguros. El mundo entero podría desaparecer; pero no importaría.
Eran los gemelos contra todos los demás, y por primera vez, ellos habían ganado

2 comentarios:
que hermoso y tierno me encanto, lastima que fuera el ultimo T_T
ha... que lindo final me..me .... no encuentro palabras.
felicidades para una gran escritora como tu gracias por tu fics me encanto
oye pregunta puedes hacer otro :D
XP bye
poqe? no T_T' amO tu fic u.u' no final no jaja pss ya kee ojalaa escriivas maas asii de boniitas D; jee am laa amee encerioo! ;D
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